No hace falta perdonar, sino que es preciso conocer por qué lo hizo.
O por qué motivo lo hicieron.
O por qué existe una ley de causa y efecto, que explica hasta el más mínimo detalle.
Nada escapa a la lógica. Pero en nuestra vida cotidiana, a veces, nuestras creencias nos impiden ver esa lógica.
Nuestras creencias, como por ejemplo:
a ) He de peregrinar a La Meca, siquiera una vez en mi vida.
b ) Si me confieso, mis pecados desaparecerán de mi expediente académico.
c ) El Universo es una escuela, pero yo cuento con alta puntuación, dado que soy cristiano.
d ) Ser cristiano puntúa más que ser ateo, porque el ateo no se digna a rezar.
e ) Y si no rezas, entonces, estás perdido.
Puede ser cierto, para ti. Pero no es así, para un ciervo, o para un rinoceronte, o para una mosca.
Con lo cuál, si la mosca, el rinoceronte y el ciervo, practican otras costumbres...
Y el búfalo, la cabra y el cochino vietnamita, degustan otros manjares...
Has de respetarlo.
Debes respetar aquello que otros disfrutan.
Aunque a ti te repugne.
Porque la diversidad es Amor.
Claro está, si eso que otros disfrutan, es a costa de masacrar a tus amigos...
O bien, están muy mal de la cabeza ( porque si depredas, vas al Infierno ), y han olvidado ese dato...
O si no, cuentan con el sacramento de la confesión, porque se le borran los pecados, y así, masacran todo lo que quieren.
¿ En serio ? ¿ Es así ? O están en un craso error...
Están en un craso error.
Luego por tanto, la confesión no tiene tanto poder.
Ni un sacerdote puede interceder tanto como quisiera.
Ya que si Adolf Hitler, imagina, después de masacrar a seis millones de judíos, se confiesa...
¡ Está salvado ! Olé ahí, qué bueno es el Señor.