José Luis Mendoza
Poeta fiel al portal
Que no muera aquel once,
aquel once de abril,
porque nada se muere
mientras haya un recuerdo
y en donde no haya tiempo,
tiempo para olvidar.
Aquel que fue abatido
y cayó contra el suelo
siempre esrtará presente.
En la visión de todos
resplandece su sangre
junto a su banderita,
estandarte de lucha,
rectángulo amarillo,
con su azul en los ojos
como espejo de cielo,
y con su rojo, rojo,
la sangre presentida.
Prohibido olvidar
la pesadilla cierta
cuando la mano infame
descargó su metralla
y los cuerpos heridos
balbuceaban su llanto.
No se puede olvidar
la burla y el insulto,
el desafío constante,
la amenaza cobarde,
la desesperación
causada por la angustia
cada vez que sabemos
que somos el objeto
de la intimidación
de quien tiene el Poder
para humillar a todos
con su gran obsesión.
Prohibido olvidar
aún después de la muerte,
porque la vida es
eterna y continuada.
En ella no hay olvido,
en élla no hay distancias.
Ni un paso atrás, más nunca,
será nuestra consigna.
Luchar, siempre luchar,
hasta encontrar la meta
de vivir siempre en paz.
por un mundo mejor,
sin odios ni rencores,
sin venganza ni olvido,
con el recuerdo siempre
de aquellos que se fueron
y entregaron sus vidas
para que así nosotros
pudiéramos vivir.
aquel once de abril,
porque nada se muere
mientras haya un recuerdo
y en donde no haya tiempo,
tiempo para olvidar.
Aquel que fue abatido
y cayó contra el suelo
siempre esrtará presente.
En la visión de todos
resplandece su sangre
junto a su banderita,
estandarte de lucha,
rectángulo amarillo,
con su azul en los ojos
como espejo de cielo,
y con su rojo, rojo,
la sangre presentida.
Prohibido olvidar
la pesadilla cierta
cuando la mano infame
descargó su metralla
y los cuerpos heridos
balbuceaban su llanto.
No se puede olvidar
la burla y el insulto,
el desafío constante,
la amenaza cobarde,
la desesperación
causada por la angustia
cada vez que sabemos
que somos el objeto
de la intimidación
de quien tiene el Poder
para humillar a todos
con su gran obsesión.
Prohibido olvidar
aún después de la muerte,
porque la vida es
eterna y continuada.
En ella no hay olvido,
en élla no hay distancias.
Ni un paso atrás, más nunca,
será nuestra consigna.
Luchar, siempre luchar,
hasta encontrar la meta
de vivir siempre en paz.
por un mundo mejor,
sin odios ni rencores,
sin venganza ni olvido,
con el recuerdo siempre
de aquellos que se fueron
y entregaron sus vidas
para que así nosotros
pudiéramos vivir.