Old Soul
Poeta adicto al portal
Todos están compinchados.
Mira esa chica me ha mirado para después ponerse las gafas de sol, me está vigilando. ¿Cuál será su bando? La otra del otro lado está hablando muy alto, le gusto, me está llamando la atención, desea que le diga algo. Aquel se ha rascado la nariz, será la nueva seña, le saludaré levemente con la cabeza.
Voy a moverme, a ver cuántos me siguen. Vienen tres, no, cuatro, también viene el del jersey. ¿Qué marcas lleva en él? Las he visto antes pero a la inversa. Significa que me escolta, que me va a proteger.
Tomaré un café donde me atiende el dueño y siempre me dice señor, y eso sin decirle quién soy. Ni puedo decírselo, ni lo va a comprender.
Se me sienta al lado esa chica del tatuaje, con una amiga, la huelo, me sabe a inocencia. Su amiga la alerta, ella gira la cabeza, y me sonríe encantada. Me volteo, la misión es lo primero. Termino el café, siempre, la propina, y vuelvo a moverme.
Cojo el coche, rumbo a la primera ciudad. Se me ha puesto delante un coche policial. Quieren que los siga. Me llevan a los muelles. Me para la policía portuaria. ¿A dónde va? ¡Pues a recoger un pasaje! Me dejan pasar, el coche policial me está esperando, continuo siguiéndoles. Me llevan a una calle sin salida, dan la vuelta, y se marchan. Se acabó el ensayo.
Voy a una playa cercana. Hay un catamarán, serán los alemanes. Tiene todos los cristales negros...
¡Sin banderas! ¡Son los rusos! ¡He de correr! Corro entre rocas, caigo y me rompo un labio. Todos miran, estoy sangrando, pero, la misión es lo primero, he de reportar el incidente con mi teléfono.
Luego, cojeando, marcho a tomar un té. Todos callan, me han visto caer, me digo que alguna vez tenía que tener un fallo.
Cojo el coche de nuevo y voy al ambulatorio. Me esperan. Una joven doctora me pregunta. ¿Estabas solo? La mirada de la enfermera despeja toda duda de la necesidad de responder. Regreso a mi casa y, para mi sorpresa, la policía allí me está aguardando. Colaboro, aliviado.
Seguro que me llevan a algún lugar, donde alguien me está esperando, para poderle decir quién soy y lo qué está pasando.
Mira esa chica me ha mirado para después ponerse las gafas de sol, me está vigilando. ¿Cuál será su bando? La otra del otro lado está hablando muy alto, le gusto, me está llamando la atención, desea que le diga algo. Aquel se ha rascado la nariz, será la nueva seña, le saludaré levemente con la cabeza.
Voy a moverme, a ver cuántos me siguen. Vienen tres, no, cuatro, también viene el del jersey. ¿Qué marcas lleva en él? Las he visto antes pero a la inversa. Significa que me escolta, que me va a proteger.
Tomaré un café donde me atiende el dueño y siempre me dice señor, y eso sin decirle quién soy. Ni puedo decírselo, ni lo va a comprender.
Se me sienta al lado esa chica del tatuaje, con una amiga, la huelo, me sabe a inocencia. Su amiga la alerta, ella gira la cabeza, y me sonríe encantada. Me volteo, la misión es lo primero. Termino el café, siempre, la propina, y vuelvo a moverme.
Cojo el coche, rumbo a la primera ciudad. Se me ha puesto delante un coche policial. Quieren que los siga. Me llevan a los muelles. Me para la policía portuaria. ¿A dónde va? ¡Pues a recoger un pasaje! Me dejan pasar, el coche policial me está esperando, continuo siguiéndoles. Me llevan a una calle sin salida, dan la vuelta, y se marchan. Se acabó el ensayo.
Voy a una playa cercana. Hay un catamarán, serán los alemanes. Tiene todos los cristales negros...
¡Sin banderas! ¡Son los rusos! ¡He de correr! Corro entre rocas, caigo y me rompo un labio. Todos miran, estoy sangrando, pero, la misión es lo primero, he de reportar el incidente con mi teléfono.
Luego, cojeando, marcho a tomar un té. Todos callan, me han visto caer, me digo que alguna vez tenía que tener un fallo.
Cojo el coche de nuevo y voy al ambulatorio. Me esperan. Una joven doctora me pregunta. ¿Estabas solo? La mirada de la enfermera despeja toda duda de la necesidad de responder. Regreso a mi casa y, para mi sorpresa, la policía allí me está aguardando. Colaboro, aliviado.
Seguro que me llevan a algún lugar, donde alguien me está esperando, para poderle decir quién soy y lo qué está pasando.
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