Andres Zuñiga
Poeta fiel al portal
Luego de salir de la ducha, Leonela dejó caer a un lado el toallón que la cubría.
Se contempló frente al espejo de soslayo, y con el rabillo del ojo
observó la muñeca de trapo que le sonreía sentada entre los almohadones de su cama.
Casi sin dudar,
y con la imagen que le había devuelto el espejo fija como un cuadro en su mente, tomó la muñeca y la arrojó dentro del placard.
Un hilo rojo y tibio se abría camino entre sus piernas.
Ese día, para ir a la escuela, se pintó los ojos y los labios.
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