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Puentes hacia lo intangible

Rosa Reeder

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay un puente que no se ve, y sin embargo sostiene el peso de nuestras vidas. No está hecho de madera ni de acero, sino de susurros, de preguntas sin respuesta, de silencios que guardan secretos. Es el puente hacia lo intangible: aquel que une lo que somos con aquello que nunca podremos tocar.


Caminamos sobre él a ciegas, llevando en las manos recuerdos como piedras brillantes, y dejando caer dudas como hojas al río. Cada paso es un acto de fe. El aire es distinto allí: sabe a eternidad y a misterio, como si respiráramos en dos mundos al mismo tiempo.


Los pilares de este puente no se apoyan en tierra firme, sino en gestos invisibles: la memoria que sobrevive al olvido, la ternura que resiste al tiempo, la mirada que comprende sin palabras. Y cada paso nos recuerda que no estamos construyendo solo un camino, sino un lenguaje secreto con lo que no tiene forma.


Tal vez la meta no sea alcanzar lo intangible, sino aprender a sostenerlo mientras cruzamos. Tal vez el puente exista para recordarnos que lo verdadero no siempre puede medirse, y que lo esencial se descubre en el vértigo del viaje.


Al final, al mirar atrás, entendemos que no caminamos sobre un puente: somos nosotros el puente. Y lo intangible ya no está lejos… porque hemos aprendido a llevarlo dentro.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
 
Compañera oculta y silente.
Ve pero no examina.
Escucha pero no juzga.
Toca pero no percibe.
Tan solo recibe y acepta...
volviendo entre sombras
tangible lo intangible
y creando certezas
de entre las dudas.
Puede ser esencia y universo
según requiera el momento.
Y aunque su sombra no sea visible
su presencia asoma claramente.
Bendita conciencia...
 
Hay un puente que no se ve, y sin embargo sostiene el peso de nuestras vidas. No está hecho de madera ni de acero, sino de susurros, de preguntas sin respuesta, de silencios que guardan secretos. Es el puente hacia lo intangible: aquel que une lo que somos con aquello que nunca podremos tocar.


Caminamos sobre él a ciegas, llevando en las manos recuerdos como piedras brillantes, y dejando caer dudas como hojas al río. Cada paso es un acto de fe. El aire es distinto allí: sabe a eternidad y a misterio, como si respiráramos en dos mundos al mismo tiempo.


Los pilares de este puente no se apoyan en tierra firme, sino en gestos invisibles: la memoria que sobrevive al olvido, la ternura que resiste al tiempo, la mirada que comprende sin palabras. Y cada paso nos recuerda que no estamos construyendo solo un camino, sino un lenguaje secreto con lo que no tiene forma.


Tal vez la meta no sea alcanzar lo intangible, sino aprender a sostenerlo mientras cruzamos. Tal vez el puente exista para recordarnos que lo verdadero no siempre puede medirse, y que lo esencial se descubre en el vértigo del viaje.


Al final, al mirar atrás, entendemos que no caminamos sobre un puente: somos nosotros el puente. Y lo intangible ya no está lejos… porque hemos aprendido a llevarlo dentro.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Me ha gustado la idea de un puente simbólico, hecho de sentimientos, recuerdos y experiencias.

Saludos
 
Hay un puente que no se ve, y sin embargo sostiene el peso de nuestras vidas. No está hecho de madera ni de acero, sino de susurros, de preguntas sin respuesta, de silencios que guardan secretos. Es el puente hacia lo intangible: aquel que une lo que somos con aquello que nunca podremos tocar.


Caminamos sobre él a ciegas, llevando en las manos recuerdos como piedras brillantes, y dejando caer dudas como hojas al río. Cada paso es un acto de fe. El aire es distinto allí: sabe a eternidad y a misterio, como si respiráramos en dos mundos al mismo tiempo.


Los pilares de este puente no se apoyan en tierra firme, sino en gestos invisibles: la memoria que sobrevive al olvido, la ternura que resiste al tiempo, la mirada que comprende sin palabras. Y cada paso nos recuerda que no estamos construyendo solo un camino, sino un lenguaje secreto con lo que no tiene forma.


Tal vez la meta no sea alcanzar lo intangible, sino aprender a sostenerlo mientras cruzamos. Tal vez el puente exista para recordarnos que lo verdadero no siempre puede medirse, y que lo esencial se descubre en el vértigo del viaje.


Al final, al mirar atrás, entendemos que no caminamos sobre un puente: somos nosotros el puente. Y lo intangible ya no está lejos… porque hemos aprendido a llevarlo dentro.


Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Qué bonito escribes!, es la esencia la que está dentro de nosotros, la consciencia pura y cristalina, es la que guía nuestros pasos y nos mantiene cuando nos acercamos al abismo, feliz día Rosa, un abrazo
 
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