Resurgir de los recuerdos,
recordar lo que fuimos una vez
navegar en el vacío de mis ansias,
de tus ganas;
camino hasta el cansancio
me recuesto en la pared, siento la sangre;
ahí está el pelotón de fusilamiento
preparando las armas que me dejarán sin razón;
no se de quien depende la vida,
si son los designios de Dios,
los caprichos del hombre,
la tentación del amor;
se cierran mis ojos y mi cuerpo cae,
en el borde del abismo están tus lágrimas
esperando que condone tus pecados,
tu belleza;
he encontrado los fantasmas del pasado,
almas que quedaron atrapadas,
sentimientos que murieron con el tiempo
y nos dejaron sin alma;
gotea la cordura,
se acaba lentamente,
y llega la locura
se libera mi mente;
ayer supe de mi
pegado en el cristal,
mirando un movimiento
la lentitud del tiempo,
la agonía de las horas,
la monotonía de la vida;
qué queda de mi cuerpo
aparte de la herida
qué queda de mi alma
además del dolor;
me estoy quedando solo
ya sé que estoy muriendo
y tengo tanto miedo
de no saber quién soy;
caducan mis ideas
se van mis pensamientos,
de pronto me doy cuenta
que todo fue un error,
y al ver al descubierto
mi verdadera intención
disimulo los gestos de mi cara
mi fe perdida,
la humanidad y su hipocresía,
las sociedades y sus filosofías,
ahogadas por el dinero,
ansiosas de sangre y sexo;
que mal se ve mi piel desnuda,
que mal me veo en tu presencia,
grotesco,
como una caricatura mal dibujada
que puedes borrar cuando quieras,
a pesar de tanto amor
y tantas palabras dichas;
continúo fiel a mis ideas,
sigo firme a mis promesas,
aunque las creas mentiras
aunque yo sea una mentira más de la vida,
una partícula de polvo que ensucia el universo
y perturba la tranquilidad de tu sueños;
me repito mentalmente
que en algún lugar existe algo mejor,
quizás en otros mundos,
más allá de esta calle ciega,
pero tengo dudas de volver
y recusitar lo que ya creí olvidado,
tengo miedo encontrarte en el camino
y saber que la herida no ha cerrado;
pronto caerá el telón
y terminara la obra
y no habrá aplausos,
solo la mirada compasiva de la soledad
que me espera siempre a la salida de la puerta,
sin saber que ya nada puedo dar,
ni siquiera a ella,
ni siquiera a ti,
ni siquiera al mundo,
ni siquiera a mi.
recordar lo que fuimos una vez
navegar en el vacío de mis ansias,
de tus ganas;
camino hasta el cansancio
me recuesto en la pared, siento la sangre;
ahí está el pelotón de fusilamiento
preparando las armas que me dejarán sin razón;
no se de quien depende la vida,
si son los designios de Dios,
los caprichos del hombre,
la tentación del amor;
se cierran mis ojos y mi cuerpo cae,
en el borde del abismo están tus lágrimas
esperando que condone tus pecados,
tu belleza;
he encontrado los fantasmas del pasado,
almas que quedaron atrapadas,
sentimientos que murieron con el tiempo
y nos dejaron sin alma;
gotea la cordura,
se acaba lentamente,
y llega la locura
se libera mi mente;
ayer supe de mi
pegado en el cristal,
mirando un movimiento
la lentitud del tiempo,
la agonía de las horas,
la monotonía de la vida;
qué queda de mi cuerpo
aparte de la herida
qué queda de mi alma
además del dolor;
me estoy quedando solo
ya sé que estoy muriendo
y tengo tanto miedo
de no saber quién soy;
caducan mis ideas
se van mis pensamientos,
de pronto me doy cuenta
que todo fue un error,
y al ver al descubierto
mi verdadera intención
disimulo los gestos de mi cara
mi fe perdida,
la humanidad y su hipocresía,
las sociedades y sus filosofías,
ahogadas por el dinero,
ansiosas de sangre y sexo;
que mal se ve mi piel desnuda,
que mal me veo en tu presencia,
grotesco,
como una caricatura mal dibujada
que puedes borrar cuando quieras,
a pesar de tanto amor
y tantas palabras dichas;
continúo fiel a mis ideas,
sigo firme a mis promesas,
aunque las creas mentiras
aunque yo sea una mentira más de la vida,
una partícula de polvo que ensucia el universo
y perturba la tranquilidad de tu sueños;
me repito mentalmente
que en algún lugar existe algo mejor,
quizás en otros mundos,
más allá de esta calle ciega,
pero tengo dudas de volver
y recusitar lo que ya creí olvidado,
tengo miedo encontrarte en el camino
y saber que la herida no ha cerrado;
pronto caerá el telón
y terminara la obra
y no habrá aplausos,
solo la mirada compasiva de la soledad
que me espera siempre a la salida de la puerta,
sin saber que ya nada puedo dar,
ni siquiera a ella,
ni siquiera a ti,
ni siquiera al mundo,
ni siquiera a mi.