Santiago Oreggia
Poeta fiel al portal
Cuantas cosas dejo atrás,
aquí...en esta tierra,
nuestra pero hostil...
cuantas cosas,
dentro de mi alma,
mi mente,
que me hacen sentir,
como la llovizna que cae,
me moja y me conmueve hasta el llanto.
Quisiera correr y correr,
por el tiempo vivido,
de mi existencia,
irme a un lugar de ninguna parte,
donde no existan momentos que no tenga tiempo.
Gritare a todos los vientos mis angustias,
llorare en silencio,
tratando que sea la ultima vez,
que viva una guerra,
tratando de no tener miedo a la derrota,
regresando al continente patrio,
siendo el de siempre,
sin dejar nunca de ser como soy,
de sentir lo que siento...
Y sin darme cuenta,
ya estaré de regreso,
sin uniforme,
sin armas,
sintiéndome mas libre,
esperando volver a la felicidad,
a la tranquilidad con los míos.
a la vida laboral y personal
de siempre.
Esperando que todo
haya pasado casi como un sueño.
Aquí, al abrir los ojos,
en este triste día
me siento distinto,
ya casi no llueve
el tenue sol me ilumina
sonríe, me mira y me comprende,
mientras caminamos por la
costanera de Puerto Argentino,
a paso cansino,
uno detrás del otro,
con el dolor de la rendición,
pero concientes que
dimos todo lo que pudimos.
Ya no se escuchan el tronar de los cañones,
el zumbido de los mísiles y las balas trazadoras,
el grito trémulo de los heridos,
solo un gran silencio de paz mentiroso,
en medio de un olor a muerte,
que estremecen mis sentimientos
Cuantas cosas
quedan aquí,
cuantas vivencias,
cuanta sangre derramada,
cuantas preguntas sin repuesta,
cuanta estupidez y soberbia
de unos pocos,
a quien la historia condenara eternamente.
Cuanto derroche de grandeza y valentía,
de aquellos que,
con nombres y apellidos,
sin distinción de grados,
ni de armas,
lo dieron todo sin pedir nada,
a costo de que la parca
los acogiera brutalmente,
elevando sus almas
celestes y blancas,
al infinito de la gloria.
Cuantas cosas hay,
aquí dentro de mi...
que dejo en ti,
Malvinas Argentinas,
tierra nuestra ingrata,
como testimonio de nuestra lucha por
recuperarte,
la cual no valoraste,
en el sacrificio de las almas al viento,
de mis queridos y valientes compañeros,
camaradas, amigos, cómplices,
hijos, soldados, seres humanos,
de cuerpo y alma.
Cuantas cosas
que dejamos en ti,
como testimonio...
en esta derrota transformada
en triunfo del tiempo inmortal,
para acallar,
las lenguas flojas de nuestra patria
Caminando,
en doble fila india,
derrotados pero no vencidos,
con el viento
golpeándonos en la cara,
como un azote bendito,
ante la mirada burlona inglesa,
se escucha un grito,
soberbio, salvaje,
que penetra
nuestras almas.
Es el grito de uno de los nuestros,
que nos sensibiliza la piel,
y nos hincha el pecho
de orgullo,
hiriendo en su interior
la fibra mas intima del enemigo.
El que solo pueden sentir
los que combatieron con el
miedo de los humanos,
las inclemencias del tiempo,
el dolor de los estómagos vacíos,
los pies de trincheras,
las armas y medios que se disponían,
y el coraje de los valientes
nacidos de la nada.
Un grito que,
acompañamos a coro,
un grito tan brutal
tan mayúsculo,
tan sublime
que se escucho
en el mundo entero;
VIVA LA PATRIA CARAJO
aquí...en esta tierra,
nuestra pero hostil...
cuantas cosas,
dentro de mi alma,
mi mente,
que me hacen sentir,
como la llovizna que cae,
me moja y me conmueve hasta el llanto.
Quisiera correr y correr,
por el tiempo vivido,
de mi existencia,
irme a un lugar de ninguna parte,
donde no existan momentos que no tenga tiempo.
Gritare a todos los vientos mis angustias,
llorare en silencio,
tratando que sea la ultima vez,
que viva una guerra,
tratando de no tener miedo a la derrota,
regresando al continente patrio,
siendo el de siempre,
sin dejar nunca de ser como soy,
de sentir lo que siento...
Y sin darme cuenta,
ya estaré de regreso,
sin uniforme,
sin armas,
sintiéndome mas libre,
esperando volver a la felicidad,
a la tranquilidad con los míos.
a la vida laboral y personal
de siempre.
Esperando que todo
haya pasado casi como un sueño.
Aquí, al abrir los ojos,
en este triste día
me siento distinto,
ya casi no llueve
el tenue sol me ilumina
sonríe, me mira y me comprende,
mientras caminamos por la
costanera de Puerto Argentino,
a paso cansino,
uno detrás del otro,
con el dolor de la rendición,
pero concientes que
dimos todo lo que pudimos.
Ya no se escuchan el tronar de los cañones,
el zumbido de los mísiles y las balas trazadoras,
el grito trémulo de los heridos,
solo un gran silencio de paz mentiroso,
en medio de un olor a muerte,
que estremecen mis sentimientos
Cuantas cosas
quedan aquí,
cuantas vivencias,
cuanta sangre derramada,
cuantas preguntas sin repuesta,
cuanta estupidez y soberbia
de unos pocos,
a quien la historia condenara eternamente.
Cuanto derroche de grandeza y valentía,
de aquellos que,
con nombres y apellidos,
sin distinción de grados,
ni de armas,
lo dieron todo sin pedir nada,
a costo de que la parca
los acogiera brutalmente,
elevando sus almas
celestes y blancas,
al infinito de la gloria.
Cuantas cosas hay,
aquí dentro de mi...
que dejo en ti,
Malvinas Argentinas,
tierra nuestra ingrata,
como testimonio de nuestra lucha por
recuperarte,
la cual no valoraste,
en el sacrificio de las almas al viento,
de mis queridos y valientes compañeros,
camaradas, amigos, cómplices,
hijos, soldados, seres humanos,
de cuerpo y alma.
Cuantas cosas
que dejamos en ti,
como testimonio...
en esta derrota transformada
en triunfo del tiempo inmortal,
para acallar,
las lenguas flojas de nuestra patria
Caminando,
en doble fila india,
derrotados pero no vencidos,
con el viento
golpeándonos en la cara,
como un azote bendito,
ante la mirada burlona inglesa,
se escucha un grito,
soberbio, salvaje,
que penetra
nuestras almas.
Es el grito de uno de los nuestros,
que nos sensibiliza la piel,
y nos hincha el pecho
de orgullo,
hiriendo en su interior
la fibra mas intima del enemigo.
El que solo pueden sentir
los que combatieron con el
miedo de los humanos,
las inclemencias del tiempo,
el dolor de los estómagos vacíos,
los pies de trincheras,
las armas y medios que se disponían,
y el coraje de los valientes
nacidos de la nada.
Un grito que,
acompañamos a coro,
un grito tan brutal
tan mayúsculo,
tan sublime
que se escucho
en el mundo entero;
VIVA LA PATRIA CARAJO
Reservados todos los derechos Santiago Oreggia©Dedicado a todos los ex combatientes de Malvinas de las tres armas y a los civiles argentinos que lucharon en ella.
Pero especialmente con todo mi amor a mis tres amados hijos, mis amadas golondrinas.:::wub:::
Federico-Axel-Maria Sol. Rogándole a DIOS que en su existencia "jamás tengan que vivir una guerra".