Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Qué hago ahora que me dueles
tanto de tanto adorarte,
ahora que mis labios saben a tu piel
en cada beso que se muere en otros labios,
ahora que comprimes todo lo que hay
y lo que sobra en mi pecho,
ahora que me brillas en los ojos de la noche
al descubrir tus realidades en mis ojos
de mirarte sin mí a tu lado.
Qué hago ahora con el alma
de aquella palabra que anduvo
por tu boca y que sonaba linda,
tierna,
llena de esperanza y a la que de
un plumazo sin piedad has ido cambiado.
Qué hago con tu piel de azúcar
que no sale de mi piel de telón de fin de obra
y que sabe que la única razón para tu fuga
es que descubriste un nuevo huerto
en el que estas probando las mordidas
y el resultado de esos frutos.
Qué hago con tu voz azul de cielo
y de borrasca que truena en mis oídos
cuando recuerdo que el poema
que ahora muere de silencio
no pudo colgarse de tu pecho
en esas noche de tormentas,
de jabón
y ducha.
Qué haré, lámpara de luz, con tu caída
cuando tu pasado te persiga
y me hayas olvidado tanto que ya no te conozca
y no sepa cómo encontrar la fuerza
y dios no lo quiera, ya no pueda sujetarte.
5.9.11 en una tarde en la que el sol se asoma entre las nubes, tímido y lleno de pena a secar las alfombras, los muebles y las vidas de los inundados ayer por la tarde.
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