Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Ayer llovió con la rabia del tiempo,
se ahogaron las palabras en la boca de la noche,
y en mi cama quedó el hueco de tu sombra,
la forma exacta de tu ausencia.
Ayer olvidé cómo suena tu risa,
pero el eco de tu voz me mordió los huesos,
y el frío se quedó a vivir en mi pecho
como un huésped sin intención de irse.
Ayer conté los latidos de un reloj sin manecillas,
quise escribirte, pero solo encontré silencio,
y el silencio es un idioma que no sé hablar
cuando no estás.
Ayer el café se sirvió solo,
se enfrió sin testigos,
como yo,
como este cuerpo que aún te espera,
como esta casa que se ha vuelto
una tumba de recuerdos.
Ayer soñé que volvías,
pero desperté a tiempo
para ver cómo la luz de la mañana
te olvidaba también.
se ahogaron las palabras en la boca de la noche,
y en mi cama quedó el hueco de tu sombra,
la forma exacta de tu ausencia.
Ayer olvidé cómo suena tu risa,
pero el eco de tu voz me mordió los huesos,
y el frío se quedó a vivir en mi pecho
como un huésped sin intención de irse.
Ayer conté los latidos de un reloj sin manecillas,
quise escribirte, pero solo encontré silencio,
y el silencio es un idioma que no sé hablar
cuando no estás.
Ayer el café se sirvió solo,
se enfrió sin testigos,
como yo,
como este cuerpo que aún te espera,
como esta casa que se ha vuelto
una tumba de recuerdos.
Ayer soñé que volvías,
pero desperté a tiempo
para ver cómo la luz de la mañana
te olvidaba también.