¿Qué sabe el desierto de la lluvia?

Armando Gómez

Poeta recién llegado
¿Qué sabe el desierto de la lluvia?
Un trastorno de sequía no permite ver al diluvio como problema
Una disfuncionalidad de precipitación no palpa la sequedad de una garganta
Es el aire en la arena que agita las manos en los ojos del dilema
Es el destello del rayo que alienta al instante a sentirse diminuto mojando una estaca

No sabe el viento nada sobre cartas y roces, sólo conoce el desglose de su alcanze
Clima, tiempo, velocidad, no le habla de amores y tempestades, para el tránsito no existe balance
No sabe el cactus del hielo y su transformación
en líquido que trasciende en su rocío
No siente aquel reptil la fortaleza del suelo que por la baja temperatura dejó inquebrantable al río

No sabe el pino de la tormenta que forma montañas más altas que las anteriores
No sabe el lobo solitario de la planicie indescifrable que genera la insolación
No sabe el buitre del fruto recién gestado, ni saborea el sabor del álamo en sus interiores
No se refleja el conejo en el oasis improbable que rasguña lo imposible en su presentación

No interpreta el calor intenso la hipotermia en la carne de un esquimal
Ni siquiera imagina el grano de arena, algún congelamiento axfisiante del camello
Las distancias complican el ejercicio empatico, por eso hay que correr diariamente
Para cansarse de experimentar calores, fríos, niebla, y así orquestar la encarnación interna

En estos aires de soledad y desprestigio, solo queda inhalar humo y exhalar sabiduría
Valientes, cínicos, sarcásticos, así son los turistas del hambre y la desesperación
Dijo aquel filósofo en su amarga alma pesada, y ahora yo me atrevo a soltar mi peso
Porque si lo cargamos todos, no nos afecta el cambio climático, ni tendremos que talar nuestra raíz...
 

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