Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Manteles, velas y magia,
que sea lo que ahora venga,
con calderos salados,
con la gracia de un gato negro,
Susurros delirantes,
de los hechizos arcanos,
con el medallón perdido,
de la raza olvidada,
Niebla y llanto,
Trueno y lluvia,
que sea mi voz la que busque,
los senderos oscuros,
por donde transite el alma,
Ríos de fuego,
decorados con la sangre del muerto,
que alcance para devorar el miedo,
exponer los huesos,
marcando las horas...
Con confuso anhelo,
del ayer perdido,
entre mares de dudas,
con la sonrisa ilesa,
que es el frío sentimiento,
Roba la carne,
la princesa encantada,
que se cierne en ella,
sangrando, ansiando,
un beso profundo...
con alarde de santa...
Mira el laberinto,
brillante y cristalino,
que atrapa más que yo,
que miente más que yo,
Capas celestes,
cargadas de reproches confusos,
por no saber nada del destino,
por no saber nada de nada,
¡Idiotas mediocres!
¡Habidos de maldades y necedades!
¡Con vanos principios!
¡De una vida glamorosa!
¡Bien la magia... que ahora cierro!
¡El libro de muertos!
¡Gracia me da el recordar sus rostros!
Al cobrar lo acordado,
¡Lágrimas patéticas!
¡Sonrisas hilarantes!
¡Esa es mi función!
Y ahora la obra máxima,
comienza a gestarse,
bajo las uñas del dragón,
con la bocanada de fuego,
que sea mi firma en tu sangre...
Por siempre y para siempre,
porque así ha de ser...
por mi... por ti...
¡Al diablo con todo!
¡Que el final.... apenas comienza!
En la paradojas del existir,
Con los llamamientos del ser,
Enclavados con la pereza de Dios,
Mira mis manos,
Con costras de sangre,
Mira las de Él,
Limpias y puras,
Sin embargo,
Yo directo y concreto,
Él cobarde y mentiroso,
¿Pero que haremos?
Las almas nos llenan,
Como la magia de esta noche...
L.V.
que sea lo que ahora venga,
con calderos salados,
con la gracia de un gato negro,
Susurros delirantes,
de los hechizos arcanos,
con el medallón perdido,
de la raza olvidada,
Niebla y llanto,
Trueno y lluvia,
que sea mi voz la que busque,
los senderos oscuros,
por donde transite el alma,
Ríos de fuego,
decorados con la sangre del muerto,
que alcance para devorar el miedo,
exponer los huesos,
marcando las horas...
Con confuso anhelo,
del ayer perdido,
entre mares de dudas,
con la sonrisa ilesa,
que es el frío sentimiento,
Roba la carne,
la princesa encantada,
que se cierne en ella,
sangrando, ansiando,
un beso profundo...
con alarde de santa...
Mira el laberinto,
brillante y cristalino,
que atrapa más que yo,
que miente más que yo,
Capas celestes,
cargadas de reproches confusos,
por no saber nada del destino,
por no saber nada de nada,
¡Idiotas mediocres!
¡Habidos de maldades y necedades!
¡Con vanos principios!
¡De una vida glamorosa!
¡Bien la magia... que ahora cierro!
¡El libro de muertos!
¡Gracia me da el recordar sus rostros!
Al cobrar lo acordado,
¡Lágrimas patéticas!
¡Sonrisas hilarantes!
¡Esa es mi función!
Y ahora la obra máxima,
comienza a gestarse,
bajo las uñas del dragón,
con la bocanada de fuego,
que sea mi firma en tu sangre...
Por siempre y para siempre,
porque así ha de ser...
por mi... por ti...
¡Al diablo con todo!
¡Que el final.... apenas comienza!
En la paradojas del existir,
Con los llamamientos del ser,
Enclavados con la pereza de Dios,
Mira mis manos,
Con costras de sangre,
Mira las de Él,
Limpias y puras,
Sin embargo,
Yo directo y concreto,
Él cobarde y mentiroso,
¿Pero que haremos?
Las almas nos llenan,
Como la magia de esta noche...
L.V.