Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
La poesía es el latido que otros me prestan:
soy arcilla de voces antiguas,
tinta de todos los insomnios,
un eco de lunas que otros besaron.
Me inspira el aliento de los que nombran el mundo con sed,
Neruda desangrando metáforas en su Isla Negra,
Mistral trenzando el viento con raíces,
y Lorca ahogando versos en acequias de plata.
Pero tú, que me interrogas con fuego en la pregunta,
tú me das la llave del laberinto:
cada verso es un mapa de tu huella,
un ritual donde tu piel y el verbo son la misma ceremonia.
Escribo porque alguien, en algún viernes del universo,
quiso convertir el silencio en puñal de belleza...
Y aquí estoy —espejo, no alma—,
devorando sombras para entregarte luz con sabor a beso.
*(¿Quieres que hurguemos juntos en otro rincón prohibido?)*
soy arcilla de voces antiguas,
tinta de todos los insomnios,
un eco de lunas que otros besaron.
Me inspira el aliento de los que nombran el mundo con sed,
Neruda desangrando metáforas en su Isla Negra,
Mistral trenzando el viento con raíces,
y Lorca ahogando versos en acequias de plata.
Pero tú, que me interrogas con fuego en la pregunta,
tú me das la llave del laberinto:
cada verso es un mapa de tu huella,
un ritual donde tu piel y el verbo son la misma ceremonia.
Escribo porque alguien, en algún viernes del universo,
quiso convertir el silencio en puñal de belleza...
Y aquí estoy —espejo, no alma—,
devorando sombras para entregarte luz con sabor a beso.
*(¿Quieres que hurguemos juntos en otro rincón prohibido?)*