lcastro
Poeta recién llegado
QUÉDATE EN TU FOSA
Quédate a descansar allí en tu fosa,
tú que tanto sufriste, Madre mía,
pues sólo allí bajo la tierra fría
no escucharás promesa mentirosa.
No tengas tentación de entrar al cielo,
pues te van a engañar como en la vida,
¡Inexistente tierra prometida
con sólo espinas invadido el suelo!
¿Cómo fuiste a creer, no me lo explico,
en ese dios del cielo, bondadoso,
en padre protector y cariñoso
en la voz de un tumulto merolico?
¡Cuánto dolor el tuyo, Madre mía,
sin que jamás el dios de los relatos,
traidor al que cumpliste sus mandatos
tuviera compasión en tu agonía.
Aquel crucificado en el Calvario
cuya tortura fue de solo un día,
en profanante y mística osadía
está erigido en mártir legendario.
En cambió tú, sufrida madre mía,
fueron cuatro tus años de tormento,
viviendo sin vivir y sin aliento:
cuatro fueron tus años de agonía.
Con el supuesto dios del paraíso,
¡ay, cuánto te engañaron sus vicarias,
y a pesar de sus ruegos y plegarias
su sentencia cambiarla nunca quiso!
Por eso, Madre, quédate en la fosa
donde tendrás descanso verdadero,
no viajes hacia el cielo carroñero
creyendo en una eternidad dichosa.
Espérame un momento, Madre mía,
que no te dejaré en el abandono,
cuando yo muera buscaré por trono
tu fosa para hacerte compañía.
Luis Castro
Obra registrada.
Quédate a descansar allí en tu fosa,
tú que tanto sufriste, Madre mía,
pues sólo allí bajo la tierra fría
no escucharás promesa mentirosa.
No tengas tentación de entrar al cielo,
pues te van a engañar como en la vida,
¡Inexistente tierra prometida
con sólo espinas invadido el suelo!
¿Cómo fuiste a creer, no me lo explico,
en ese dios del cielo, bondadoso,
en padre protector y cariñoso
en la voz de un tumulto merolico?
¡Cuánto dolor el tuyo, Madre mía,
sin que jamás el dios de los relatos,
traidor al que cumpliste sus mandatos
tuviera compasión en tu agonía.
Aquel crucificado en el Calvario
cuya tortura fue de solo un día,
en profanante y mística osadía
está erigido en mártir legendario.
En cambió tú, sufrida madre mía,
fueron cuatro tus años de tormento,
viviendo sin vivir y sin aliento:
cuatro fueron tus años de agonía.
Con el supuesto dios del paraíso,
¡ay, cuánto te engañaron sus vicarias,
y a pesar de sus ruegos y plegarias
su sentencia cambiarla nunca quiso!
Por eso, Madre, quédate en la fosa
donde tendrás descanso verdadero,
no viajes hacia el cielo carroñero
creyendo en una eternidad dichosa.
Espérame un momento, Madre mía,
que no te dejaré en el abandono,
cuando yo muera buscaré por trono
tu fosa para hacerte compañía.
Luis Castro
Obra registrada.