Quien me lee, quien me escribe

Starosta Cortés

Poeta recién llegado
Vi a un necio en la ventana, vi a un tacaño, vi
a un espíritu altanero besar el pecado
y luego juzgar ante aquel remordimiento
que te muerde, triste y mísero compañero.

No se vive en vicio si no se tiene culpa,
la culpa no se redime confesándola,
la culpa es vicio más que palabra; el vicio,
culpa de una verdad que se oculta.

Un ángel caído fue quien besó los senos
cálidos y vírgenes de una musa ciega.
¿Cuesta la verdad? ¿Cuesta la libertad
acaso vivir siempre en esta tierra lóbrega?

¿Valen los besos?, ¿Vale el sufrir?
¿Vale el quebranto de rosas frágiles cuyas
formas debemos de curtir, si por morder
condenados ya hemos sido?

No, no vale, pero que va, estoy aquí
escribiendo en esta lengua pagana.
Pero no te confundas, viejo diablo,
sólo vivo, y aún pecando, vivo.

Es que no importan, si al final
lo único que tengo en mis manos
son el libre brillo de la tinta
y un ritmo libre de engaños.

Al final, es mi palabra impresa,
es cada letra vomitada
luego de cada noche de resaca,
lo verdadero de mi vida

Te confío, a ti papel que me lees,
mi pipa, mi copa, mi vida, cuentos y verdades te confío;
mis ángeles, mi bien y mi maldad
y hasta puede que en júbilo te llame
Hermano.
 

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