Quiero llorar, pero es Navidad

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Quiero llorar, pero es Navidad, y parece que hasta el llanto debe vestirse de fiesta. El mundo se empeña en parpadear como un árbol lleno de luces, mientras yo cargo con esta oscuridad que no tiene adornos. Las calles huelen a pan dulce y a risas, y yo camino entre ellas con las manos vacías, con el alma rota, como si fuera un fantasma que nadie invita a la cena.

Quiero llorar, pero es Navidad, y la nostalgia viene envuelta en papel brillante, como si la ausencia pudiera disfrazarse de regalo. El reloj sigue su curso, arrastrando villancicos y abrazos que no llegan, mientras la mesa se llena de sillas que parecen gritar tu nombre.

No es tristeza, no. Es otra cosa. Es como si el tiempo decidiera darme su peor broma justo en el momento en que todos parecen felices. Y yo, atrapado entre las ganas de sentir y el miedo a que doler sea todo lo que me quede, miro las estrellas como si pudieran decirme algo más que su luz.

Quiero llorar, pero es Navidad, y llorar parece un pecado entre tanto brindis. Así que dejo que las lágrimas se escondan detrás de una sonrisa rota, mientras por dentro, en el rincón más pequeño de mi pecho, te llamo, te busco, y me pregunto si este silencio tuyo también sabe a nochebuena.

, y parece que hasta el llanto debe vestirse de fiesta. El mundo se empeña en parpadear como un árbol lleno de luces, mientras yo cargo con esta oscuridad que no tiene adornos. Las calles huelen a pan dulce y a risas, y yo camino entre ellas con las manos vacías, con el alma rota, como si fuera un fantasma que nadie invita a la cena.

Quiero llorar, pero es Navidad, y la nostalgia viene envuelta en papel brillante, como si la ausencia pudiera disfrazarse de regalo. El reloj sigue su curso, arrastrando villancicos y abrazos que no llegan, mientras la mesa se llena de sillas que parecen gritar tu nombre.

No es tristeza, no. Es otra cosa. Es como si el tiempo decidiera darme su peor broma justo en el momento en que todos parecen felices. Y yo, atrapado entre las ganas de sentir y el miedo a que doler sea todo lo que me quede, miro las estrellas como si pudieran decirme algo más que su luz.

Quiero llorar, pero es Navidad, y llorar parece un pecado entre tanto brindis. Así que dejo que las lágrimas se escondan detrás de una sonrisa rota, mientras por dentro, en el rincón más pequeño de mi pecho, te llamo, te busco, y me pregunto si este silencio tuyo también sabe a nochebuena.
 

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