Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Quiero
Saltar al lúgubre abismo sin fin,
perderme a lo lejos entre la neblina,
pasear bajo lluvia de puñales en punta,
ir al mar y sumergirme en su helada espuma,
saborear el sabor desconocido del veneno,
adentrarme en el frondoso monte,
ser arrastrado por las violentas ráfagas del viento,
navegar los ríos junto a Caronte,
sufrir los tormentos de Jesús,
sentir la hoja fría de la guillotina,
seguir eternamente la cruz del sur,
caminar descalzo en el Zahara al mediodía,
ser apresado por un gran laberinto,
que todas mis noches sean invierno,
que ella no me hubiera conocido,
y desaparecer con el crujido de los truenos,
que la sangre ya no corra por mis venas,
extinguirme en el aire como el humo,
ser agobiado por las risas de las hienas,
observar el recorrido interminable de las agujas del reloj.
que el sol ya no ilumine mi carne,
ni tampoco la luna llena,
ser evaporado por el fuego que arde,
que los alimentos, en mi paladar, pierdan su gusto;
que me sean vedados los alegres colores,
y el azucarado canto de los pájaros,
y la florida primavera con sus olores,
y el tan ansiado ocaso, que con su luz dora los campos.
Que ella sea feliz
y su vida maravillosa,
que los dolores solo sean por el solo hecho de reír
y sus días, claros como las blancas mariposas.
La madrugada me inunda,
y el frío...
y la oscuridad es cada vez más profunda
y la soledad siempre al lado mío.
Quiero...
Quiero todo esto,
pero ni siquiera esos funestos pedidos
merezco.
Saltar al lúgubre abismo sin fin,
perderme a lo lejos entre la neblina,
pasear bajo lluvia de puñales en punta,
ir al mar y sumergirme en su helada espuma,
saborear el sabor desconocido del veneno,
adentrarme en el frondoso monte,
ser arrastrado por las violentas ráfagas del viento,
navegar los ríos junto a Caronte,
sufrir los tormentos de Jesús,
sentir la hoja fría de la guillotina,
seguir eternamente la cruz del sur,
caminar descalzo en el Zahara al mediodía,
ser apresado por un gran laberinto,
que todas mis noches sean invierno,
que ella no me hubiera conocido,
y desaparecer con el crujido de los truenos,
que la sangre ya no corra por mis venas,
extinguirme en el aire como el humo,
ser agobiado por las risas de las hienas,
observar el recorrido interminable de las agujas del reloj.
que el sol ya no ilumine mi carne,
ni tampoco la luna llena,
ser evaporado por el fuego que arde,
que los alimentos, en mi paladar, pierdan su gusto;
que me sean vedados los alegres colores,
y el azucarado canto de los pájaros,
y la florida primavera con sus olores,
y el tan ansiado ocaso, que con su luz dora los campos.
Que ella sea feliz
y su vida maravillosa,
que los dolores solo sean por el solo hecho de reír
y sus días, claros como las blancas mariposas.
La madrugada me inunda,
y el frío...
y la oscuridad es cada vez más profunda
y la soledad siempre al lado mío.
Quiero...
Quiero todo esto,
pero ni siquiera esos funestos pedidos
merezco.