Asklepios
Incinerando envidias
Quise rezar sin saber de Dios, ni tampoco imaginarlo. Me escondí al ver un grupo de demonios que venían a por mí. De repente, escuché una voz que decía: “No te escondas. Pon voz a tus plegarias.” Yo, sin saber ni cómo ni por qué, obedecí y comencé a orar. Los demonios, en vez de atacarme, rezaron conmigo… Y todos... todos, fueron perdonados.