CATINA
Poeta fiel al portal
Esa mañana, llego tarde a la oficina sin excusa alguna. No se siento el perfume arrollador que dejaba al caminar por el pasillo y entro como de costumbre, sin saludar a nadie.
Reclinó el asiento y se cruzó de manos dispuesta a no hacer nada, solo a mirar por la ventana la lluvia caer. Es más, cerró con llave la puerta, cosa que jamás, ni en sueños hubiera hecho nunca.
Hacia tanto que no llovía. No sabía si eso le daba alegría o le ponía triste, sabía que definitivamente no le gustaba el invierno, pero que podía hacer ya era Julio.
Hoy estaba realmente dispuesta, a no firmar nada y a no mover un dedo aunque todo se viniera abajo.
Llevabas días pensando en mandar todo al infierno de una buena vez. Hoy no quería respuestas ni preguntas rápidas como solía hacer a diario.
Esa tarde en la oficina, nada le preocupaba, todo le daba lo mismo, como si realmente no existiera preocupación alguna, como si todo el mundo pudiera esperar.
Quiso hacer como si todo estaba bien y normal. Que nadie se diera cuenta que no había dormido nada. Quiso hacer como si nadie la hubiese dañado en lo más profundo de su corazón, como si el dolor que estaba sintiendo era pasajero, como si estas cosas del amor fueran tan leves y sin importancia como ella decía, quiso hacer como si no hubiese amado nunca.
Ese día comprobó que no era cierto lo que siempre anduvo pregonando como ley de vida, pues no importa que hagas para ganarte la vida, cómo te desempeñes en que cargo, que puesto o cuanto ganes, las cosas del corazón siempre hacen tambalear y tarde o temprano pasan la cuenta aunque parezcas fuerte e indestructible y tengas un alto cargo ejecutivo en una empresa de renombre.
Ese día la “jefa”, se tomó el “corazón libre” se quitó los zapatos, bebió whisky y escucho a “Sabina”, ese día hizo lo que siempre quisimos todos que hiciera…..ese día simplemente desapareció.
Reclinó el asiento y se cruzó de manos dispuesta a no hacer nada, solo a mirar por la ventana la lluvia caer. Es más, cerró con llave la puerta, cosa que jamás, ni en sueños hubiera hecho nunca.
Hacia tanto que no llovía. No sabía si eso le daba alegría o le ponía triste, sabía que definitivamente no le gustaba el invierno, pero que podía hacer ya era Julio.
Hoy estaba realmente dispuesta, a no firmar nada y a no mover un dedo aunque todo se viniera abajo.
Llevabas días pensando en mandar todo al infierno de una buena vez. Hoy no quería respuestas ni preguntas rápidas como solía hacer a diario.
Esa tarde en la oficina, nada le preocupaba, todo le daba lo mismo, como si realmente no existiera preocupación alguna, como si todo el mundo pudiera esperar.
Quiso hacer como si todo estaba bien y normal. Que nadie se diera cuenta que no había dormido nada. Quiso hacer como si nadie la hubiese dañado en lo más profundo de su corazón, como si el dolor que estaba sintiendo era pasajero, como si estas cosas del amor fueran tan leves y sin importancia como ella decía, quiso hacer como si no hubiese amado nunca.
Ese día comprobó que no era cierto lo que siempre anduvo pregonando como ley de vida, pues no importa que hagas para ganarte la vida, cómo te desempeñes en que cargo, que puesto o cuanto ganes, las cosas del corazón siempre hacen tambalear y tarde o temprano pasan la cuenta aunque parezcas fuerte e indestructible y tengas un alto cargo ejecutivo en una empresa de renombre.
Ese día la “jefa”, se tomó el “corazón libre” se quitó los zapatos, bebió whisky y escucho a “Sabina”, ese día hizo lo que siempre quisimos todos que hiciera…..ese día simplemente desapareció.