Quizá en sus brazos encontré el frió de mi calor,
O quizá en sus ojos vi el vació que me lleno,
Tal vez en su cuerpo encontré el mar para morir ahogado,
Y en sus palabras la sentencia del dolor
Y tal vez solo por eso, mujer de ojos tristes, te dejo aquí, mientras olvido tu olor, impregnando en
mí el hedor de la muerte, que se dispersa en mi interior, cuando veo a esa a quien llamo mi amada
que con paso firme y mirada distante va colocando en mi una cruz de espinas que me a de marcar
por el resto de mi vida.
Quisiera decir adiós, hasta luego, hasta pronto pero tan solo te escupo un hasta nunca,
pues aun con belleza y melaza a un verdugo no puedes dar amor cuando necesita tormento,
belleza cuando aclama muerte amor cuando muere por odio.
Quizá a lo lejos te vea y una lagrima, cual rosa en el desierto, aparezca anunciando que te extraño y por tu voz me desangro y por tu amor me alejo.
O quizá en sus ojos vi el vació que me lleno,
Tal vez en su cuerpo encontré el mar para morir ahogado,
Y en sus palabras la sentencia del dolor
Y tal vez solo por eso, mujer de ojos tristes, te dejo aquí, mientras olvido tu olor, impregnando en
mí el hedor de la muerte, que se dispersa en mi interior, cuando veo a esa a quien llamo mi amada
que con paso firme y mirada distante va colocando en mi una cruz de espinas que me a de marcar
por el resto de mi vida.
Quisiera decir adiós, hasta luego, hasta pronto pero tan solo te escupo un hasta nunca,
pues aun con belleza y melaza a un verdugo no puedes dar amor cuando necesita tormento,
belleza cuando aclama muerte amor cuando muere por odio.
Quizá a lo lejos te vea y una lagrima, cual rosa en el desierto, aparezca anunciando que te extraño y por tu voz me desangro y por tu amor me alejo.