Rafael Amador Diaz Pérez
Poeta recién llegado
(A los poetas suicidas cubanos de la década del 90 del pasado siglo Raúl Hernández Novás, Ángel Escobar, Reinaldo Arenas y Amando Fernández)
Llamar a la zona inaccesible
en días del caos y la expectación final.
En un rostro ya distante se diluyen
los contornos del labio
donde la voz negó la urgencia.
Dueños de un espacio
y dueños
de apenas un reloj
como el que la Mc Cullers
enmudeció al quitar las manecillas
en desgarrador transcurso
pasamos por la vida
en insospechado movimiento.
¿Qué se puede hacer contra el recuerdo las deudas
los preceptos?
Los senderos padecen
la continua indiferencia del que cruza
provocada oscilación de sombras
certeza de la luz al indicarnos
–tuyo es aún el tiempo-
Werther podría negarlo
y a la vez sufrir como cualquiera
toda tenacidad tiene algo de efecto imprevisible
un asumido riesgo
que nos paraliza frente a un rostro
esta vez superior a la belleza.
Ya me lo habías confesado
en breves elocuencias
definitivas marchas
la no elegible opción.
Tengo delante de mis ojos
el más impresionista de tus gestos
código de límite en las islas
un espacio incambiable
obediencia asumida desde la voluntad
o acaso desde el miedo.
Llamar a la zona inaccesible
el cuerpo abandona la terrenal atracción de lo vivido
para buscar otra gravedad que emite el universo
sustancia de la nada
evaporación suprema de las formas.
Llamar a la zona inaccesible
en días del caos y la expectación final.
En un rostro ya distante se diluyen
los contornos del labio
donde la voz negó la urgencia.
Dueños de un espacio
y dueños
de apenas un reloj
como el que la Mc Cullers
enmudeció al quitar las manecillas
en desgarrador transcurso
pasamos por la vida
en insospechado movimiento.
¿Qué se puede hacer contra el recuerdo las deudas
los preceptos?
Los senderos padecen
la continua indiferencia del que cruza
provocada oscilación de sombras
certeza de la luz al indicarnos
–tuyo es aún el tiempo-
Werther podría negarlo
y a la vez sufrir como cualquiera
toda tenacidad tiene algo de efecto imprevisible
un asumido riesgo
que nos paraliza frente a un rostro
esta vez superior a la belleza.
Ya me lo habías confesado
en breves elocuencias
definitivas marchas
la no elegible opción.
Tengo delante de mis ojos
el más impresionista de tus gestos
código de límite en las islas
un espacio incambiable
obediencia asumida desde la voluntad
o acaso desde el miedo.
Llamar a la zona inaccesible
el cuerpo abandona la terrenal atracción de lo vivido
para buscar otra gravedad que emite el universo
sustancia de la nada
evaporación suprema de las formas.