tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cientos de intersecciones destellando pequeñas circulaciones de micro datos, que desvanecen con el vapor de los sueños.
Tráfago de pasionales adivinaciones, deslizándose entre los peores males.
Cronicidades en la adversidad de un pseudo plan; Proclamando prescripciones esotéricas en el teatro de los atisbos y las conjeturas mundanas.
Purulentos relatos artos de ponzoña y sinsabores tan terrenales que cercarían a una noche acéfala de su vital sustancia oscura.
La información tardía se entumece a punto de llegar a destino, derivando el cause revelador a un lugar tópico, intrascendente, extrínseco, no esencial.
Demencia envuelta en rocío letal, acariciando las sombras de los árboles tiesos.
Se que el egoísmo de mi subconsciente, lo intentará todo por orgullo.
Donde voy, el oro no bastará, para salvar los malditos clichés.
Viaje a la siniestra alegría, voy desconfiado bajo la luz del sol, con un frío que me calma en las sombras de la ciudad.
Percibo la subsistente estrechez de los espacios, que reducirán los días en el devenir de las horas, donde intentaré interpretar la razón inexacta de mis reflexiones.
Que simularán ser el contralor de mi realidad intempestiva.
Tráfago de pasionales adivinaciones, deslizándose entre los peores males.
Cronicidades en la adversidad de un pseudo plan; Proclamando prescripciones esotéricas en el teatro de los atisbos y las conjeturas mundanas.
Purulentos relatos artos de ponzoña y sinsabores tan terrenales que cercarían a una noche acéfala de su vital sustancia oscura.
La información tardía se entumece a punto de llegar a destino, derivando el cause revelador a un lugar tópico, intrascendente, extrínseco, no esencial.
Demencia envuelta en rocío letal, acariciando las sombras de los árboles tiesos.
Se que el egoísmo de mi subconsciente, lo intentará todo por orgullo.
Donde voy, el oro no bastará, para salvar los malditos clichés.
Viaje a la siniestra alegría, voy desconfiado bajo la luz del sol, con un frío que me calma en las sombras de la ciudad.
Percibo la subsistente estrechez de los espacios, que reducirán los días en el devenir de las horas, donde intentaré interpretar la razón inexacta de mis reflexiones.
Que simularán ser el contralor de mi realidad intempestiva.