Realidad

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Nulidad manumitida,

aún se aprecian,
impolutas e inquebrantables,
las cadenas de la sapiencia,

descendemos del cielo,
escaleras de un sórdido deseo,
austero entre inclemencias siderales,

viscerales lamentos,
que encuentran en nuestra lengua
un paraje para dispersarse,

omitiendo toda racionalidad,

cae la sangre como lluvia,
se tiñen en negrura los ángeles de culpa,
oscila la penumbra como péndulo,
de un sagrado corazón,
de una razón que se creía absoluta,

ahora vemos como el tiempo muta
entre una inimaginable vorágine de realidad.
 
Nulidad manumitida,

aún se aprecian,
impolutas e inquebrantables,
las cadenas de la sapiencia,

descendemos del cielo,
escaleras de un sórdido deseo,
austero entre inclemencias siderales,

viscerales lamentos,
que encuentran en nuestra lengua
un paraje para dispersarse,

omitiendo toda racionalidad,

cae la sangre como lluvia,
se tiñen en negrura los ángeles de culpa,
oscila la penumbra como péndulo,
de un sagrado corazón,
de una razón que se creía absoluta,

ahora vemos como el tiempo muta
entre una inimaginable vorágine de realidad.
Debemos aferrarnos a los sentidos cuando la realidad solo desea arrastrarnos hacia su espiral.
Saludos.
 

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