Aquella cueva
llena de hollín
durmiendo a la noche.
libélulas en los juncales
trazando
la cartografía del alma
almendras jamás recogidas
almendras fuera de tiempo
almendras dueñas de olvido.
caerá el sol
con los suspiros de fuego
y se enfriarán las lágrimas.
pozos abandonados
propiedad de arañas pardas
y las telas llenas de polvo.
la tierra se hace pequeña
para las almas de hierro
quemando lirios.
y la rebeldía de las plantas
creciendo en el asfalto
será lo único en lo que creer.
y las alambradas oxidadas
pudrirán y nutrirán
los cementerios de piedra.
y la hiedra gritará
furiosa
sobre las lisas losas.
y el sol arderá en la mañana,
lento, sin miedo, inmisericorde,
amo de su fuego.
solo quedará del hombre
el olvido; hasta que
el pasado sea solo polvo en la inmensidad
las musas volverán
del altar profundo
con las manos llenas de noche.
la ladera vertical
abrazada por dos almendros equilibristas
llora de felicidad.
los cementerios, losas de piedra,
sembrados de hojas de hierba.
la parca esta noche mirará las estrellas.
y la parca posará sus huesos
sobre las hebras
y llorará con los brazos sobre la cabeza.
una lágrima huyendo del universo
acariciando el hueso desnudo.
desnuda está su alma.
y el amor se fue
con las golondrinas.
¿de que estaría echa la felicidad?
contra el acantilado
la marea; restos de una barca pesquera.
el viejo yace contra el colchón.
en la ventana renacerán
los fénix del despertar.
el sol arderá en rededor.
y en la humilde estancia
la última vela
engullirá la cera; hasta el fin.
en los juncales
las libélulas seguirán tejiendo
el silencio del alma.
y todo seguirá igual.
arderá la sangre
y los cementerios se ocultaran tras la yedra.
y el tiempo estrangulará
las horas
tras cada horizonte y tras cada alma inmortal.
llena de hollín
durmiendo a la noche.
libélulas en los juncales
trazando
la cartografía del alma
almendras jamás recogidas
almendras fuera de tiempo
almendras dueñas de olvido.
caerá el sol
con los suspiros de fuego
y se enfriarán las lágrimas.
pozos abandonados
propiedad de arañas pardas
y las telas llenas de polvo.
la tierra se hace pequeña
para las almas de hierro
quemando lirios.
y la rebeldía de las plantas
creciendo en el asfalto
será lo único en lo que creer.
y las alambradas oxidadas
pudrirán y nutrirán
los cementerios de piedra.
y la hiedra gritará
furiosa
sobre las lisas losas.
y el sol arderá en la mañana,
lento, sin miedo, inmisericorde,
amo de su fuego.
solo quedará del hombre
el olvido; hasta que
el pasado sea solo polvo en la inmensidad
las musas volverán
del altar profundo
con las manos llenas de noche.
la ladera vertical
abrazada por dos almendros equilibristas
llora de felicidad.
los cementerios, losas de piedra,
sembrados de hojas de hierba.
la parca esta noche mirará las estrellas.
y la parca posará sus huesos
sobre las hebras
y llorará con los brazos sobre la cabeza.
una lágrima huyendo del universo
acariciando el hueso desnudo.
desnuda está su alma.
y el amor se fue
con las golondrinas.
¿de que estaría echa la felicidad?
contra el acantilado
la marea; restos de una barca pesquera.
el viejo yace contra el colchón.
en la ventana renacerán
los fénix del despertar.
el sol arderá en rededor.
y en la humilde estancia
la última vela
engullirá la cera; hasta el fin.
en los juncales
las libélulas seguirán tejiendo
el silencio del alma.
y todo seguirá igual.
arderá la sangre
y los cementerios se ocultaran tras la yedra.
y el tiempo estrangulará
las horas
tras cada horizonte y tras cada alma inmortal.
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