Jorbin_Pineda
Poeta recién llegado
Me llamas cuando la noche se desangra,
cuando el insomnio te arrastra a la culpa,
cuando la felicidad que presumes
se siente incompleta.
Imagino que la tristeza te asfixia,
y por eso te disculpas por todo;
por haberme lastimado,
por llenarme de inseguridades
y por haberme dado tan poco.
Pero tus disculpas pesan menos que el aire.
No son para mí,
son tuyas,
para limpiar tu conciencia.
Y yo, que le prometí al apóstol Santiago olvidarte,
que aprendí a esquivar tu nombre,
que no espero nada de ti
más que distancia,
contesto.
Siempre contesto.
No tengo más defensas
que las mismas palabras de siempre:
“No te preocupes,
no te guardo rencor.
Espero que tú a mí tampoco”
Y pongo mi cuello como un cordero.
Te concedo este cínico permiso,
una tregua no verbal,
un atentado en contra de mis principios.
Y te contesto.
Como si aún te perteneciera,
como si todavía te importara.
Y todo por no aprender a decirte que no.
No me debería importar tu vida
si ya no somos ni amigos,
si el tiempo se encargó de borrar
lo poco que quedaba de nosotros.
Me llamas y dices que no es lo mismo,
que hay noches en que quisieras
mandar todo al carajo,
que a veces sientes
que solo yo te comprendo.
Y yo…
yo me pregunto
por qué demonios
todavía respondo.
¿Por qué lo hago?
No sé si es costumbre,
si es estupidez,
o si es ese vicio tuyo
de aparecer cuando más tranquilo estoy,
o este maldito hábito mío
de esperarte
sin querer esperarte.
¿Por qué,
si todo en tu vida
está donde debe estar,
sigues buscándome cuando necesitas
que alguien te entienda?
¿Por qué no lo hablas con tu pareja?
¿Por qué sigo dejando
que mi corazón sea tu trinchera?
¿Por qué me basta el sonido de tu voz
para olvidar
todo lo que me hiciste olvidar de mí?
Me usas como refugio,
como un paréntesis en tu vida,
como si yo no tuviera heridas
que también necesitan cerrar.
Me molesta que me busques
solo cuando necesitas
que alguien te escuche sin juzgarte.
Para que te recuerde
que todo estará bien.
Que el problema no eres tú.
Y yo,
con los nudillos apretados,
con los labios mordiéndome la rabia,
me trago mis ganas
de mandarte al carajo,
y te digo
justo lo que quieres oír.
Al final,
tú te vas un poco menos rota.
Yo me quedo, como puedo,
con una botella abierta
y un poema entre los dedos…
Cuando la nostalgia me supera,
me pregunto lo mismo
¿Te recuerdo porque te amo?
¿O te amo por lo que recuerdo?
-Jorbin Pineda
cuando el insomnio te arrastra a la culpa,
cuando la felicidad que presumes
se siente incompleta.
Imagino que la tristeza te asfixia,
y por eso te disculpas por todo;
por haberme lastimado,
por llenarme de inseguridades
y por haberme dado tan poco.
Pero tus disculpas pesan menos que el aire.
No son para mí,
son tuyas,
para limpiar tu conciencia.
Y yo, que le prometí al apóstol Santiago olvidarte,
que aprendí a esquivar tu nombre,
que no espero nada de ti
más que distancia,
contesto.
Siempre contesto.
No tengo más defensas
que las mismas palabras de siempre:
“No te preocupes,
no te guardo rencor.
Espero que tú a mí tampoco”
Y pongo mi cuello como un cordero.
Te concedo este cínico permiso,
una tregua no verbal,
un atentado en contra de mis principios.
Y te contesto.
Como si aún te perteneciera,
como si todavía te importara.
Y todo por no aprender a decirte que no.
No me debería importar tu vida
si ya no somos ni amigos,
si el tiempo se encargó de borrar
lo poco que quedaba de nosotros.
Me llamas y dices que no es lo mismo,
que hay noches en que quisieras
mandar todo al carajo,
que a veces sientes
que solo yo te comprendo.
Y yo…
yo me pregunto
por qué demonios
todavía respondo.
¿Por qué lo hago?
No sé si es costumbre,
si es estupidez,
o si es ese vicio tuyo
de aparecer cuando más tranquilo estoy,
o este maldito hábito mío
de esperarte
sin querer esperarte.
¿Por qué,
si todo en tu vida
está donde debe estar,
sigues buscándome cuando necesitas
que alguien te entienda?
¿Por qué no lo hablas con tu pareja?
¿Por qué sigo dejando
que mi corazón sea tu trinchera?
¿Por qué me basta el sonido de tu voz
para olvidar
todo lo que me hiciste olvidar de mí?
Me usas como refugio,
como un paréntesis en tu vida,
como si yo no tuviera heridas
que también necesitan cerrar.
Me molesta que me busques
solo cuando necesitas
que alguien te escuche sin juzgarte.
Para que te recuerde
que todo estará bien.
Que el problema no eres tú.
Y yo,
con los nudillos apretados,
con los labios mordiéndome la rabia,
me trago mis ganas
de mandarte al carajo,
y te digo
justo lo que quieres oír.
Al final,
tú te vas un poco menos rota.
Yo me quedo, como puedo,
con una botella abierta
y un poema entre los dedos…
Cuando la nostalgia me supera,
me pregunto lo mismo
¿Te recuerdo porque te amo?
¿O te amo por lo que recuerdo?
-Jorbin Pineda