Recordando a mi madre

José rubiel Amaya Amaya

Poeta asiduo al portal
Cuantas veces sus caricias disfrute,

Las que me dieron sus manos maternales.

Hoy que solitario, en el mundo me quedé,

Fría es la ausencia, como témpanos glaciales.


Por manojos, me entregó concejos sabios,

Quiso a mi vida quitarle los resabios.

Sin darme cuenta, poco a poco iba muriendo,

Su luz, sus fuerzas se fueron extinguiendo.


No lo creía, no lo estaba sintiendo,

Mis ojos ciegos, tampoco estaban viendo.

Un día cualquiera, el que menos yo esperaba,

Se fue en silencio, mientras yo me desgarraba.


Hoy añoro sus besos, su voz y su ternura,

Sus sabios concejos, y toda su dulzura.

La paz que con su abrazo yo encontraba,

Hasta las heridas, en el alma me sanaba.
 
Cuantas veces sus caricias disfrute,

Las que me dieron sus manos maternales.

Hoy que solitario, en el mundo me quedé,

Fría es la ausencia, como témpanos glaciales.


Por manojos, me entregó concejos sabios,

Quiso a mi vida quitarle los resabios.

Sin darme cuenta, poco a poco iba muriendo,

Su luz, sus fuerzas se fueron extinguiendo.


No lo creía, no lo estaba sintiendo,

Mis ojos ciegos, tampoco estaban viendo.

Un día cualquiera, el que menos yo esperaba,

Se fue en silencio, mientras yo me desgarraba.


Hoy añoro sus besos, su voz y su ternura,

Sus sabios concejos, y toda su dulzura.

La paz que con su abrazo yo encontraba,

Hasta las heridas, en el alma me sanaba.

Muy bonitas y sentidas palabras poeta, cuartetas con buena cadencia y fuerza en el sentimiento, felicitaciones y un saludo sincero.
 
Cuantas veces sus caricias disfrute,

Las que me dieron sus manos maternales.

Hoy que solitario, en el mundo me quedé,

Fría es la ausencia, como témpanos glaciales.


Por manojos, me entregó concejos sabios,

Quiso a mi vida quitarle los resabios.

Sin darme cuenta, poco a poco iba muriendo,

Su luz, sus fuerzas se fueron extinguiendo.


No lo creía, no lo estaba sintiendo,

Mis ojos ciegos, tampoco estaban viendo.

Un día cualquiera, el que menos yo esperaba,

Se fue en silencio, mientras yo me desgarraba.


Hoy añoro sus besos, su voz y su ternura,

Sus sabios concejos, y toda su dulzura.

La paz que con su abrazo yo encontraba,

Hasta las heridas, en el alma me sanaba.

Ausencia arrebatada en esa soledad que se conjuga
al faltar la madre. son recuerdos y una especie de
formas que se nos rompen al desaparecer ella,
bello poema de tristeza consecuente.
felicidades. luzyabsenta
 
Cuantas veces sus caricias disfrute,

Las que me dieron sus manos maternales.

Hoy que solitario, en el mundo me quedé,

Fría es la ausencia, como témpanos glaciales.


Por manojos, me entregó concejos sabios,

Quiso a mi vida quitarle los resabios.

Sin darme cuenta, poco a poco iba muriendo,

Su luz, sus fuerzas se fueron extinguiendo.


No lo creía, no lo estaba sintiendo,

Mis ojos ciegos, tampoco estaban viendo.

Un día cualquiera, el que menos yo esperaba,

Se fue en silencio, mientras yo me desgarraba.


Hoy añoro sus besos, su voz y su ternura,

Sus sabios concejos, y toda su dulzura.

La paz que con su abrazo yo encontraba,

Hasta las heridas, en el alma me sanaba.

Conmovedor poema. Nuestra madre estará siempre con nosotros.

Saludos desde Madrid.
 

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