Alex Courant
Poeta adicto al portal
Recuerdo a menudo que la recuerdo
Recuerdo a menudo que la recuerdo.
Tal vez porque era triste y triste fuera yo.
Tal vez porque fuese tan simple como el pan
y tan celosa como el hambre.
Tan pequeña que nunca estorbaba.
Nos conocimos sobre la pista de baile
de la desesperanza.
Me tendió su blanca mano y bailamos:
ella en mis sus brazos y en sólo mis brazos, ella.
Nos fuimos perdiendo, mar adentro,
hasta bebernos la noche.
Y, después, terminamos en la cama,
visiblemente agotados, jadeantes,
peinando a nuestra sangre desnuda.
Su tosca manera de amar
la hicieron mi fiel compañera,
desde entonces caminábamos
de la mano para no caer de bruces.
E íbamos recorriendo el café, la plaza,
todo y a todo lugar
como un matrimonio de sombras.
Nos amamos como amantes.
Y de una cuerda ahorcamos al sol y a la luna
para no diferenciar el día y la noche.
Estaba preñada, es cierto,
y en su vientre, como un hijo,
se revolvía mi adormecida muerte.
Hoy, ya no me falta.
Ya dormirá en otros brazos
y su cuerpo se enredará a otro cuerpo,
y serán uno cuando el alba despunte afilada.
Recuerdo a menudo que la recuerdo.
Muchas me quisieron tanto
y a ninguna la quise tanto como a ella.
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