SOLCIEGO
Poeta asiduo al portal
Un amanecer claro
de luces falsas.
un lecho blanco,
calmado, en la noche oscura.
el chillido trepidante
del silencio inmuto,
oculto, en mis oídos.
la laxitud del tiempo
estacionado
en una esquina del mundo,
a la solitaria espera de ti.
la embellecida piel barnizada,
de una caoba muerta,
sin sepultura ni polilla,
que adorna la cómoda.
el pecado libre, que asecha,
envestido de su negra niebla.
el amor ausente,
armando su fuerza
para sobrevivir
a su tristeza,
con la voz por dentro
en su discurso a ciegas
la puerta que bate el viento,
la brisa que asienta su silencio,
una fragancia de alhelí silvestre,
una voz que no se siente.
la luz del alba que no llega,
un recuerdo que se apaga
tras la estéril espera.
la oración en el espacio,
que se estrella entre sus ecos,
dos cisnes rojos en el lago,
de luces falsas.
un lecho blanco,
calmado, en la noche oscura.
el chillido trepidante
del silencio inmuto,
oculto, en mis oídos.
la laxitud del tiempo
estacionado
en una esquina del mundo,
a la solitaria espera de ti.
la embellecida piel barnizada,
de una caoba muerta,
sin sepultura ni polilla,
que adorna la cómoda.
el pecado libre, que asecha,
envestido de su negra niebla.
el amor ausente,
armando su fuerza
para sobrevivir
a su tristeza,
con la voz por dentro
en su discurso a ciegas
la puerta que bate el viento,
la brisa que asienta su silencio,
una fragancia de alhelí silvestre,
una voz que no se siente.
la luz del alba que no llega,
un recuerdo que se apaga
tras la estéril espera.
la oración en el espacio,
que se estrella entre sus ecos,
dos cisnes rojos en el lago,
la tristeza de no verte,
tus manos heladas de la noche,
tu mirada que me ama,
la niña triste que nos llama,
doce rosas en tu cama.
el calor de tus sabanas
tu ausencia…tu ausencia
que erosiona mi alma.
tus manos heladas de la noche,
tu mirada que me ama,
la niña triste que nos llama,
doce rosas en tu cama.
el calor de tus sabanas
tu ausencia…tu ausencia
que erosiona mi alma.