Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal
El bote y su remo, solos.
La noche se solaza con los tibios amantes
y la línea sombreada de sus cuerpos
que apenas la brisa hace suyos.
Sí, la noche es parte de este lúdico enroscarse
del abrazo imprevisto.
Nadie vigila como la luna extraviada,
nadie nos brinda su cobija de estrellas.
Sólo late el orgasmo en la quietud del paisaje.
Sólo brilla la gota de tu sed dadivosa.
Ya no más faltará
el equinoccio de invierno a esta cita.
Todo se sabe impregnado de dioses
que esparcen semillas, semillas
al aire que al fin se condensa
en las ramas, las ganas, las voces;
y escribe con signos lo que no está en la pantalla.
De mi libro inédito Cabos sueltos.poema basado en la imagen.