Reflexión 12

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Entre amaneceres paridos,
se retuerce la fe,
se seca su cría,
se manifiesta la muerte,

de colores se viste la tarde,
de falso goce,
de cruento alarde,
y el sol se derrite con esperanza,

se escabullen las estrellas,
como hormigas desleales,
como un virus existencial,

se desgarran los cerebros,
buscando en las palabras
una realidad,

confunden,
faltos de conciencia,
porque el dolor anida y carcome,
cuando se obvia la verdad,
cuando a la muerte se le miente,

y aún pesa la vida,
como pesa la lápida,
al comienzo, en su guarida,

comerá de la madre,
como bebe la muerte de nosotros,

esa madre que nos persigue,
como creación y como final,
porque al final morimos cuidados,

pesadez que carga la tierra,
y el tiempo se desborda,
no se recordará ni el suelo,
por donde camina el futuro,

vigilia inservible,
vendrán las catástrofes sin guía,

aplastarán edades de piedra,
transformarán a la voluntad en ceniza,

pisarán las huellas ya marcadas,
cometerán el mismo error,
hasta mover a la tierra,
hasta confesarle nuestra desesperación,

vislumbraremos
una verdad tan inmensa como temporal,
una sabiduría de odio,
de lúgubre avenencia,

como un supuesto amor
falto de emoción,

horror que se encuentra
en cada precipicio,
en cada cima,
y avanzamos dormidos,
donde ahora no hay camino,

sangraremos despiertos,
cuando la soledad
sea destino,
y la vida
pesadilla.
 
Entre amaneceres paridos,
se retuerce la fe,
se seca su cría,
se manifiesta la muerte,

de colores se viste la tarde,
de falso goce,
de cruento alarde,
y el sol se derrite con esperanza,

se escabullen las estrellas,
como hormigas desleales,
como un virus existencial,

se desgarran los cerebros,
buscando en las palabras
una realidad,

confunden,
faltos de conciencia,
porque el dolor anida y carcome,
cuando se obvia la verdad,
cuando a la muerte se le miente,

y aún pesa la vida,
como pesa la lápida,
al comienzo, en su guarida,

comerá de la madre,
como bebe la muerte de nosotros,

esa madre que nos persigue,
como creación y como final,
porque al final morimos cuidados,

pesadez que carga la tierra,
y el tiempo se desborda,
no se recordará ni el suelo,
por donde camina el futuro,

vigilia inservible,
vendrán las catástrofes sin guía,

aplastarán edades de piedra,
transformarán a la voluntad en ceniza,

pisarán las huellas ya marcadas,
cometerán el mismo error,
hasta mover a la tierra,
hasta confesarle nuestra desesperación,

vislumbraremos
una verdad tan inmensa como temporal,
una sabiduría de odio,
de lúgubre avenencia,

como un supuesto amor
falto de emoción,

horror que se encuentra
en cada precipicio,
en cada cima,
y avanzamos dormidos,
donde ahora no hay camino,

sangraremos despiertos,
cuando la soledad
sea destino,
y la vida
pesadilla.
Tal ves, veremos que nos ha reservado el destino.

Saludos
 

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