IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
El ser se esconde de su propia malicia,
el tiempo cuenta sus instantes,
y no se detiene el mar
en las costas de la avaricia,
aún creemos que podremos lograrlo todo,
el ser humano es extraño,
malévolo, deshonesto,
y lo normal es dudar de él,
el misterio es nuestro abismo,
porque no hay luz que coseche permanencia,
no hay amor que encuentre
un camino sin sangre,
en esta matanza
somos siempre transeúntes,
somos siempre lo que corroe los suelos,
en esta danza doliente de cielo y valentía,
porque siempre se piensa del muerto,
lo que se piensa del viento,
pareciera coraje, aún en el aire,
pero todo vendaval tiende a desvanecerse,
no hay tiempo que coseche eternidad,
y aún fantaseamos
con una felicidad tan efímera,
como la última voluntad
de un muerto cegado,
un cadáver,
condenando a todos a los que ama,
serendipia de valores ocultos,
entre heridas de tiempo enlentecido,
que nunca completarán su cicatrización,
sometimiento,
entre verdades que fueron mentiras,
la realidad es siempre lo que elegimos creer,
conformismo entre circunstancias errantes,
manipulación estimulante,
el amor se entiende sugestivo,
cuando la mente forma parte de su error,
y el cuerpo siempre se muere
de ardiente certidumbre,
el cuerpo siempre pudre cualquier resquicio,
de pulcra honestidad,
porque el pasado es constante,
y el futuro,
una probabilidad que debe morir.
el tiempo cuenta sus instantes,
y no se detiene el mar
en las costas de la avaricia,
aún creemos que podremos lograrlo todo,
el ser humano es extraño,
malévolo, deshonesto,
y lo normal es dudar de él,
el misterio es nuestro abismo,
porque no hay luz que coseche permanencia,
no hay amor que encuentre
un camino sin sangre,
en esta matanza
somos siempre transeúntes,
somos siempre lo que corroe los suelos,
en esta danza doliente de cielo y valentía,
porque siempre se piensa del muerto,
lo que se piensa del viento,
pareciera coraje, aún en el aire,
pero todo vendaval tiende a desvanecerse,
no hay tiempo que coseche eternidad,
y aún fantaseamos
con una felicidad tan efímera,
como la última voluntad
de un muerto cegado,
un cadáver,
condenando a todos a los que ama,
serendipia de valores ocultos,
entre heridas de tiempo enlentecido,
que nunca completarán su cicatrización,
sometimiento,
entre verdades que fueron mentiras,
la realidad es siempre lo que elegimos creer,
conformismo entre circunstancias errantes,
manipulación estimulante,
el amor se entiende sugestivo,
cuando la mente forma parte de su error,
y el cuerpo siempre se muere
de ardiente certidumbre,
el cuerpo siempre pudre cualquier resquicio,
de pulcra honestidad,
porque el pasado es constante,
y el futuro,
una probabilidad que debe morir.