REFLEXIÓN
Los estragos de la indolencia mal parida
sepultan con jocosidad retorica
a los sueños de la vida
no quedando en el silbido del viento
ni la aclaratoria de tan fatal destino
ni menos el consuelo al lamento.
No hay conducta posible profesa
entre la maraña de esta tierra autoritaria
que consiga escapar ilesa
de esta alimentada crueldad mercenaria
ni tampoco ninguna defensa
que nos salve de la maldad revolucionaria.
Somos testigos mudos de las atrocidades
como también blancos indefensos
cargados inmensamente de calamidades
que nos destrozan como viles pendejos.
y pareciera que no debiéramos protestar como quisiéramos
por el miedo de ser catalogado como vulgar pandilleros
o quizás por el culillo que nos maten como conejos.
Pero, qué más da si ya estamos lapidados
en una Patria en la que se perdió la razón
donde el estiércol abunda por todos lados
y donde el Diablo se viste de corazón.
Ron
Los estragos de la indolencia mal parida
sepultan con jocosidad retorica
a los sueños de la vida
no quedando en el silbido del viento
ni la aclaratoria de tan fatal destino
ni menos el consuelo al lamento.
No hay conducta posible profesa
entre la maraña de esta tierra autoritaria
que consiga escapar ilesa
de esta alimentada crueldad mercenaria
ni tampoco ninguna defensa
que nos salve de la maldad revolucionaria.
Somos testigos mudos de las atrocidades
como también blancos indefensos
cargados inmensamente de calamidades
que nos destrozan como viles pendejos.
y pareciera que no debiéramos protestar como quisiéramos
por el miedo de ser catalogado como vulgar pandilleros
o quizás por el culillo que nos maten como conejos.
Pero, qué más da si ya estamos lapidados
en una Patria en la que se perdió la razón
donde el estiércol abunda por todos lados
y donde el Diablo se viste de corazón.
Ron