Évano
Libre, sin dioses.
Es curiosa la semejanza del interior de mi cabeza con la del exterior que ven mis ojos. Pero yo sé que no es así la "Realidad" que envuelve a mi cuerpo. El cerebro es muy cabrón. Me transforma a su antojo lo transmitido por la vista. Donde hay un limonero, en un patio cercado por un muro de piedra junto a una gran casa blanca de dos pisos, en verdad lo que hay es el blanco y negro de un montón de piedras acumuladas repletas de miles de millones de ácaros microscópicos, de trillones de más animalillos entre el polvo, en la humedad flotante, en los pájaros, en los limones, en todo. "Las afueras" ("y los adentros") son de los virus, "adeenes", aminoácidos, átomos, neutrones, protones, electrones... Son dos mundos enfrentados. Pero eso a mi mente no le interesa que yo lo sepa. Pero lo sé.
A mi cabeza le interesa mostrarme la bondad de ese cerezo inmenso de enfrente, del que hay junto al río. Pero no es bondad, el árbol va a lo suyo; si me da oxígeno es por que a él le sobra, no lo quiere, no le hace falta. No lo da para que sobreviva yo. Las cerezas son para que caigan en la tierra, se pudran y tenga la posibilidad el cerezo de germinar en otro cerezo más evolutivo. No es para que las coma nadie, le importa un pimiento que alguien (o algo para ellos es lo mismo algo que alguien) se muera de hambre.
Soy yo (mejor dicho, es mi cerebro el que nos adapta a lo que hay en las afueras de nosotros) el que ha de conformarse con lo que tiene y hay en este mundo, en este universo. He aquí el éxito de los seres vivos: que no son ellos los que crean, sino los que recogen lo que pueden (lo que hay) y lo modifican para su supervivencia. He aquí también el éxito del humano: que cambia ante las desgracias y se va a otro sitio cuando un paraje, unas normas, unas leyes, un sistema político, una sociedad... lo que sea, no le interesa. Cuando esto ocurre se larga y punto, o lucha para derrotar lo que no le es favorable para sobrevivir. Si convive en sociedad, mejor; pero cuando esté obligado a decidir entre la muerte conjunta o la vida individual, elegirá subsistir, aunque sea en soledad. He aquí por qué en situaciones límites el individuo actúa de forma bárbara, altruista, angelical, o como un demonio. Cada uno de nosotros somos un Universo compuesto por trillones de organismos diminutos. Somos universos enfrentados unos contra otros. Por ello se evoluciona, y a muy diferentes ritmos. Tarde o temprano uno habrá logrado algo parecido a un semidiós, o un Dios. Es entonces cuando el resto estará destinado a la extinción, o a ser un siervo sometido al poder superior. Creo que esta historia me suena, que estoy en este peldaño de la evolución conjunta de la humanidad. Pero por desgracia soy de los que evolucionan demasiado lentamente. Somos miles de millones los que vamos demasiado atrás, irremediablemente retrasados. Solo unos poco van por delante, y cada vez van quedando menos en la cabeza de la carrera. ¿Cuánto tiempo, cuántos años le falta a ese Dios?
Cuando Este esté creado otra Historia volverá a comenzar; o quizás la misma, quizás estamos adorando a un Dios de una etapa anterior, a uno que vivía aquí o en cualquier otro rincón del Cosmos.
Si el cerebro tiende al engaño es imposible Saber. Lo suyo es engañar para sobrevivir él. Y Todas las mentes de los seres vivos manipulan. Sólo cuando alcance el máximo posible rango "nos mostrará" Toda la Verdad, tal como es, en las "afueras", "y en los adentros".
A mi cabeza le interesa mostrarme la bondad de ese cerezo inmenso de enfrente, del que hay junto al río. Pero no es bondad, el árbol va a lo suyo; si me da oxígeno es por que a él le sobra, no lo quiere, no le hace falta. No lo da para que sobreviva yo. Las cerezas son para que caigan en la tierra, se pudran y tenga la posibilidad el cerezo de germinar en otro cerezo más evolutivo. No es para que las coma nadie, le importa un pimiento que alguien (o algo para ellos es lo mismo algo que alguien) se muera de hambre.
Soy yo (mejor dicho, es mi cerebro el que nos adapta a lo que hay en las afueras de nosotros) el que ha de conformarse con lo que tiene y hay en este mundo, en este universo. He aquí el éxito de los seres vivos: que no son ellos los que crean, sino los que recogen lo que pueden (lo que hay) y lo modifican para su supervivencia. He aquí también el éxito del humano: que cambia ante las desgracias y se va a otro sitio cuando un paraje, unas normas, unas leyes, un sistema político, una sociedad... lo que sea, no le interesa. Cuando esto ocurre se larga y punto, o lucha para derrotar lo que no le es favorable para sobrevivir. Si convive en sociedad, mejor; pero cuando esté obligado a decidir entre la muerte conjunta o la vida individual, elegirá subsistir, aunque sea en soledad. He aquí por qué en situaciones límites el individuo actúa de forma bárbara, altruista, angelical, o como un demonio. Cada uno de nosotros somos un Universo compuesto por trillones de organismos diminutos. Somos universos enfrentados unos contra otros. Por ello se evoluciona, y a muy diferentes ritmos. Tarde o temprano uno habrá logrado algo parecido a un semidiós, o un Dios. Es entonces cuando el resto estará destinado a la extinción, o a ser un siervo sometido al poder superior. Creo que esta historia me suena, que estoy en este peldaño de la evolución conjunta de la humanidad. Pero por desgracia soy de los que evolucionan demasiado lentamente. Somos miles de millones los que vamos demasiado atrás, irremediablemente retrasados. Solo unos poco van por delante, y cada vez van quedando menos en la cabeza de la carrera. ¿Cuánto tiempo, cuántos años le falta a ese Dios?
Cuando Este esté creado otra Historia volverá a comenzar; o quizás la misma, quizás estamos adorando a un Dios de una etapa anterior, a uno que vivía aquí o en cualquier otro rincón del Cosmos.
Si el cerebro tiende al engaño es imposible Saber. Lo suyo es engañar para sobrevivir él. Y Todas las mentes de los seres vivos manipulan. Sólo cuando alcance el máximo posible rango "nos mostrará" Toda la Verdad, tal como es, en las "afueras", "y en los adentros".
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