Bajo un bravío sol de eterna justicia,el divino poeta lírico rezuma de su entreabierta boca,amapola dulce de miel tostada.Así,siente el perenne gusto de las maravillas de la sacra naturaleza;la cual abre la brecha de su palpitante corazón terreno para que en él descansen las testas coronadas con yedras salvajes,que se entrelazan en un pulso musical que tiene su fiel reflejo en el movimiento celestial de los arcontes.Esos númenes serios y hieráticos que con sus liras llenas de congoja despiertan el canto pagano de los ancestrales griegos.Esos niños pendencieros que ha siglos de remota infinitud prendieron el fuego prohibido de la sabiduría demoníaca en la pira sepulcral,donde se inmolan con la sangre sulfúrea de pedernal encendido los heroicos herejes que se rebelaron contra la muerta palabra escrita que cientos de empolvados libros,carcomidos ya por la vil polilla,ya ha se deshicieron en plata maculada de fluida agua obscena pero inmortal.