Teo Moran
Poeta fiel al portal
Siento que a veces el corazón se muere
cuando apoyo mi cabeza sobre el cristal
e imagino su venida tras la esquina
a sabiendas de que es inalcanzable.
Reclino mi frente en la rota ventana
y noto un escalofrío al ver que me mira,
que ha descubierto mi presencia
entre las cortinas descorridas del alba,
humillará mi aliento con el plañir de su risa
en la soledad imperecedera del ocaso,
y doblarán las campanas por mi fracaso
ya que malogré el sonoro amanecer
con las divisas doradas de Caronte,
y aún en ese momento, en ese instante,
no soy capaz de asimilar estas prerrogativas
por la cual el cielo vence a mi mundo,
mientras, abstraído, dibujo sus labios
con la puntas de mis dedos sobre el cristal.
¡Y es entonces que percibo a la soledad
de aquellos meandros que no alcanzan el mar,
de aquellos riscos elevados que poco a poco
serán desgranados por el ímpetu del viento!
Entiendo que tarde o temprano llegará
tras aquella esquina con su sobriedad,
me mirará y me recorrerá un escalofrío,
mi cuerpo quedará inerte y vacío,
y mi corazón, dándose al fin por vencido,
abrirá sus puertas a un último latido
y la muerte, amante celosa y posesiva,
dibujará con sus dedos mi rostro
y con sus labios susurrará mi nombre,
que sin muestras de apiadarse de mí
me entregará al paradigma del universo
y mi alma, quebrada por unos pocos recuerdos
se desvanecerá tras el frío cristal.
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