Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Y es que encuentro, a cada paso, en todos lados,
en las esquinas que me roban el destino, en el
petricor por la mañanas frías y llenas de rocío,
en el viento sin aroma y sin dueño y en el armario
donde deberían estar tus letras sus acentos y tus cartas,
en el dulce amargo de tu ausencia, en la oración
que duerme por las noches y despierta cuando
encuentro, a cada paso, en las confusas avenidas
del destino y las esquinas, el olor que despedía tu
piel bajo la ducha fría y se conformaba con mis brazos,
y es que encuentro, en la repetición de las palabras
y los versos y los pasos, en las esquinas las avenida
y los parque, en la oración para salvarme y a cada rato,
tu luz que me guarece de las sombras y del eco, y de los
silencios que se burlan del ruido que aún grita tu nombre.
Due 28.11.19 en una tarde en la que los recuerdos me llegan a los ojos, suaves, como copos de nieve.
en las esquinas que me roban el destino, en el
petricor por la mañanas frías y llenas de rocío,
en el viento sin aroma y sin dueño y en el armario
donde deberían estar tus letras sus acentos y tus cartas,
en el dulce amargo de tu ausencia, en la oración
que duerme por las noches y despierta cuando
encuentro, a cada paso, en las confusas avenidas
del destino y las esquinas, el olor que despedía tu
piel bajo la ducha fría y se conformaba con mis brazos,
y es que encuentro, en la repetición de las palabras
y los versos y los pasos, en las esquinas las avenida
y los parque, en la oración para salvarme y a cada rato,
tu luz que me guarece de las sombras y del eco, y de los
silencios que se burlan del ruido que aún grita tu nombre.
Due 28.11.19 en una tarde en la que los recuerdos me llegan a los ojos, suaves, como copos de nieve.