Réquiem para los vivos

monaguillo

Poeta recién llegado
I.

La luz, consumada la cumbre,
deja un eco de altura en la bóveda celeste.
La tierra suspende en el vacío todas sus notas.

II.

En la orilla del mar se reflejan los astros
como un caos heredado del polvo y los escombros,
y su reflejo es la ancestral memoria que va creciendo
como hiedra que teje su osamenta en las heridas de los muros.

III.

Los hijos saltaban en tu vientre.
Eran dos gotas de agua azul
adentrándose en una lengua de mar
hasta que se hizo la luz
y los pájaros oscurecieron los cielos.
¡Ah, Endimión, en Caria todos éramos tus hijos!

IV.

Sangre de mi sangre, vas devorándome la entraña.
hasta saciarte de mi dolor
con aquello que a ningún otro hombre hiere.

V.

Los años no saben de verdades profundas,
ni de pájaros que desnudan su tristeza
en la larga medianoche del hechizo.
Era otro tiempo, la noche se apagaba como un fósforo
y la soledad se erguía sin compasión y sin costuras.

VI.

El silencio zurce la grafía de mis sombras,
a ellas entregué mis reinos de latón y plomo viejo.

VII.

Náyade, sobre tu tumba he escrito mis últimos renglones.
En esta inercia algo de mí quedó contigo.



"Pájaros de niebla" (2020)
 
Última edición:
I.

La luz, consumada la cumbre,
deja un eco de altura en el ápice celeste
y arranca de la tierra todas sus sílabas.

II.

En la orilla del mar se reflejan los astros
como un caos heredado del polvo y los escombros,
y su reflejo es la ancestral memoria que va creciendo
como hiedra que teje su osario en las heridas de los muros.

III.

Los hijos saltaban en tu vientre.
Eran dos gotas de agua azul
adentrándose en una lengua de mar
hasta que se hizo la luz
y los pájaros oscurecieron los cielos.
¡Endimión, en Caria todos éramos tus hijos!

IV.

Sangre de mi sangre, vas devorándome la entraña.
Lo que a ningún otro hombre hiere.

V.

Los años no saben de verdades profundas,
ni de pájaros que desnudan su tristeza
en la larga medianoche del hechizo.
Era otro tiempo, la noche se apagaba como un fósforo
y la soledad se erguía sin compasión y sin costuras.

VI.

El silencio zurce la grafía de mis sombras,
a ellas entregué mis reinos de latón y plomo viejo.

VII.

Náyade, sobre tu tumba he escrito mis últimos renglones.
En esta inercia algo de mí quedó contigo.



"Pájaros de niebla" (2020)
Tiene mucho sentido dedicar palabras a lo muerto en vida. Un saludo, monaguillo.
 

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