En la magna lumbre que rebosa sapiencial sombra mortuoria de destello suprasensible,el poeta intuye la caída original del día y la bienvenida a la noche de cariz dramático pero revelador.Su alma se hincha de misterioso sueño ancestral que hace las delicias de los Eternales;esperando éstos que la revelación le lleve por el camino lustroso hacia las Ideas Platónicas que levitan en inconmensurable eternidad;dentro de la cavernosa y sombría mente del Arconte regicida que mató,en un solemne segundo de macabro asesinato,al dios de los cristianos.Entonces cae la noche y la iluminación inmortal llena de pletórica alegría a las difuminadas almas de los musicales bardos;los cuales ansían la negra muerte de luto para reunirse con el Amor que congratula con posesión trascendental a toda una naturaleza;transfigurada en paradisíaco edén nocturno donde ni el pecado ni la culpa podrán ya nunca jamás mortificar el Espíritu Universal que se encarna,en cuerpos gloriosos de una humanidad en ciernes de asumir la santa divinidad.Para que así la gracia inmaculada,teñida con el manto carmesí,salpique las entrañas de tales seres antes efímeros pero ahora inmortales de santa piedad redentora.