Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Ribaldo
Por el tragaluz de una cocina
En las épocas de la colonia
Los rayos polvorosos de los candiles
Alargaban la eternidad.
Pronto ya todos dormidos, la familia y el perro soso,
No escucharon los pequeños pies.
De un Ribaldo que sube por la calle, por los gradas escalinatas,
Y forzando con sus dedos de manteca divina
el pestillo, se zambulle etéreo como niebla,
por el tragaluz. Por el tragaluz
llega a la cocina.
¡Su danza es impalpable y llena de gracia!, astuto saltarín
hurtando del huerto, del huerto hurta un perejil. Y tan tan tanta
fue su alegría, que por bailar y brincar,
un tarro de leche fue a volcar. ¡Kataplum Plam Plam!
- ¿Quién anda ahí?! Husmeando en la cocina ulterior, una voz ronca desde el habitáculo superior esgrimió.
-No es nada, soy sólo yo,
el viento cefirillo
que sin querer a soplado
tirando un liíllo, contesto audazmente el Ribaldo Rimbaud.
El Hombre pensando, que estaba soñando, volvió a dormir.
Y el Rimbaud Ribaldo, convertido otra vez en niebla o esta vez en perdiz, salió de allí
Apresurado con el relumbrante perejil.
aunque algún plumista soso te haya llamado ribaldo
imberbe y monstruo biche y escolapio borracho.
P. Verlaine
imberbe y monstruo biche y escolapio borracho.
P. Verlaine
Por el tragaluz de una cocina
En las épocas de la colonia
Los rayos polvorosos de los candiles
Alargaban la eternidad.
Pronto ya todos dormidos, la familia y el perro soso,
No escucharon los pequeños pies.
De un Ribaldo que sube por la calle, por los gradas escalinatas,
Y forzando con sus dedos de manteca divina
el pestillo, se zambulle etéreo como niebla,
por el tragaluz. Por el tragaluz
llega a la cocina.
¡Su danza es impalpable y llena de gracia!, astuto saltarín
hurtando del huerto, del huerto hurta un perejil. Y tan tan tanta
fue su alegría, que por bailar y brincar,
un tarro de leche fue a volcar. ¡Kataplum Plam Plam!
- ¿Quién anda ahí?! Husmeando en la cocina ulterior, una voz ronca desde el habitáculo superior esgrimió.
-No es nada, soy sólo yo,
el viento cefirillo
que sin querer a soplado
tirando un liíllo, contesto audazmente el Ribaldo Rimbaud.
El Hombre pensando, que estaba soñando, volvió a dormir.
Y el Rimbaud Ribaldo, convertido otra vez en niebla o esta vez en perdiz, salió de allí
Apresurado con el relumbrante perejil.