Frankos Roda
Poeta recién llegado
Qué triste comprensión, qué gran castigo
aquel que con su fuerza puso asedio,
pidiéndole después a su enemigo
ayuda a la caída de su imperio.
Numancia rama blanca de testigo*,
Roma calla, como último remedio.
Astapa, mata amor y prende trigo;
las dos, ¡qué sinrazón!, pagan su tedio.
El imperio soberbio en su riqueza
de allende otros pueblos muerde polvo.
¡Sucumbe Hispania! ¡Hordas godas, vejan!
aquel que con su fuerza puso asedio,
pidiéndole después a su enemigo
ayuda a la caída de su imperio.
Numancia rama blanca de testigo*,
Roma calla, como último remedio.
Astapa, mata amor y prende trigo;
las dos, ¡qué sinrazón!, pagan su tedio.
El imperio soberbio en su riqueza
de allende otros pueblos muerde polvo.
¡Sucumbe Hispania! ¡Hordas godas, vejan!
Los frágiles delirios de grandeza
movidos por sus séquitos al trono...
si sangre derramaron, sangre dejan.
movidos por sus séquitos al trono...
si sangre derramaron, sangre dejan.
* Tiras de vellón blancas sobre una rama de olivo era un signo de paz.