Manuel de Cilla
Poeta recién llegado
Brillos de lingotes de oro,
arriban al puerto de Sevilla,
y justo al fondo de las bodegas,
monedas mancilladas por mil vidas.
Los cadáveres por la borda,
convierten al mar en cementerio,
pues las olas fueron testigo
de bautizos y de entierros.
Del barco bajan marineros,
vestidos por esqueletos negros,
con caras pálidas y enfermizas
vislumbradas tras sus pellejos.
La cubierta sacude con brío
pañuelos rojos de despedida,
y el capitán escribe en su diario
primer día de una nueva vida
-¿Cuantos habéis llegado?-
dice en tierra firme un muchacho,
y el tísico capitán responde
-De trescientos hemos llegado cuatro-
*
El mar cubre con sus olas,
cuerpos putrefactos y amoratados,
y se llena con las gotas saladas
de mil lagrimales salados.
arriban al puerto de Sevilla,
y justo al fondo de las bodegas,
monedas mancilladas por mil vidas.
Los cadáveres por la borda,
convierten al mar en cementerio,
pues las olas fueron testigo
de bautizos y de entierros.
Del barco bajan marineros,
vestidos por esqueletos negros,
con caras pálidas y enfermizas
vislumbradas tras sus pellejos.
La cubierta sacude con brío
pañuelos rojos de despedida,
y el capitán escribe en su diario
primer día de una nueva vida
-¿Cuantos habéis llegado?-
dice en tierra firme un muchacho,
y el tísico capitán responde
-De trescientos hemos llegado cuatro-
*
El mar cubre con sus olas,
cuerpos putrefactos y amoratados,
y se llena con las gotas saladas
de mil lagrimales salados.