demonio de una mente
Poeta asiduo al portal
Ella vestía un traje tejido,
con la delicadeza de una nube blanca,
y tenía el encanto escondido,
que había arrebatado de Salamanca.
Era un día abrileño festivo,
y es que ella con nada más que un ademán,
hubiese mi corazón partido,
y lo hubiese tirado dentro de un volcán.
Interrumpió ese día mi siesta,
con su dulce voz, tan delicada y tan franca,
me invitaba ella a su fiesta,
allá lejos, en la escondida Salamanca.
Y como yo la quería conmigo,
en la noche no dejaría nada por hacer,
y solo el cielo sería testigo,
de mi tan sublime romance por esa mujer.
Arribamos al lugar con rapidez,
estaba aquel sitio un poco oscuro,
y permanecía la cabra de Mendez,
trazada muy imponente sobre un gran muro.
Luego avanzó la fiesta más rato,
y cuando había un silencio de velorio,
hubo un ruido, y de inmediato,
apareció sobre la hoguera el demonio.
Y solo yo estaba sorprendido,
cuando vi venir mi dama desde afuera,
Oh si yo hubiese comprendido
que a quien yo amaba era una hechicera.
Y como yo la quería conmigo,
en la noche no dejaría nada por hacer,
y solo el cielo sería testigo,
de mi tan sublime romance por esa mujer.
Yo había perdido todo temor,
viendo como ella danzaba con sutileza,
despertando de nuevo el amor,
que evocaba su tan infinita belleza.
Ella me dijo que le siguiera,
hacia un lugar que se encontraba aparte,
entonces confesó ser hechicera
activa practicante de un oculto arte.
Y como yo la quería conmigo,
en la noche no dejaría nada por hacer,
y solo el cielo sería testigo,
de mi tan sublime romance por esa mujer.
Me recitó versos de su grimorium,
luego con un delicado y maligno beso,
me dejó aquel día ella preso,
para siempre en su pandemónium.
con la delicadeza de una nube blanca,
y tenía el encanto escondido,
que había arrebatado de Salamanca.
Era un día abrileño festivo,
y es que ella con nada más que un ademán,
hubiese mi corazón partido,
y lo hubiese tirado dentro de un volcán.
Interrumpió ese día mi siesta,
con su dulce voz, tan delicada y tan franca,
me invitaba ella a su fiesta,
allá lejos, en la escondida Salamanca.
Y como yo la quería conmigo,
en la noche no dejaría nada por hacer,
y solo el cielo sería testigo,
de mi tan sublime romance por esa mujer.
Arribamos al lugar con rapidez,
estaba aquel sitio un poco oscuro,
y permanecía la cabra de Mendez,
trazada muy imponente sobre un gran muro.
Luego avanzó la fiesta más rato,
y cuando había un silencio de velorio,
hubo un ruido, y de inmediato,
apareció sobre la hoguera el demonio.
Y solo yo estaba sorprendido,
cuando vi venir mi dama desde afuera,
Oh si yo hubiese comprendido
que a quien yo amaba era una hechicera.
Y como yo la quería conmigo,
en la noche no dejaría nada por hacer,
y solo el cielo sería testigo,
de mi tan sublime romance por esa mujer.
Yo había perdido todo temor,
viendo como ella danzaba con sutileza,
despertando de nuevo el amor,
que evocaba su tan infinita belleza.
Ella me dijo que le siguiera,
hacia un lugar que se encontraba aparte,
entonces confesó ser hechicera
activa practicante de un oculto arte.
Y como yo la quería conmigo,
en la noche no dejaría nada por hacer,
y solo el cielo sería testigo,
de mi tan sublime romance por esa mujer.
Me recitó versos de su grimorium,
luego con un delicado y maligno beso,
me dejó aquel día ella preso,
para siempre en su pandemónium.
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