Hoy es sábado
y el mundo no se da cuenta.
La ciudad bosteza,
las calles tienen sueño
y yo también,
pero no me duermo porque me haces falta.
Hoy es sábado,
pero sin tu voz,
sin tu risa en la cocina,
sin tus pies descalzos huyendo del agua caliente,
no hay sábado que valga la pena.