Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
El amor es un tamarindo,
dulce y agrio,
pegajoso en los dedos,
enredado en la lengua,
y una vez que lo pruebas,
no puedes dejar de saborearlo.
Es como morder esa pulpa oscura,
que te quema un poco al principio,
te arranca un suspiro,
y luego, de pronto,
te llena la boca de azúcar.
Pero el azúcar dura poco,
y lo agrio te invade,
como si de repente te faltara el aire
y no supieras si reír o llorar.
Así es el amor,
un fruto que carga nostalgia en su piel,
que duele en el paladar y acaricia al mismo tiempo.
Es la risa que brota en medio del caos,
la caricia que te salva
y te destruye en la misma medida.
A veces lo escupes,
cansado de su sabor agridulce,
pero siempre vuelves,
porque hay algo en ese torbellino de emociones
que te recuerda que estás vivo,
que sientes,
que ardes.
El amor es tamarindo,
se retuerce en tus entrañas,
te deja un regusto extraño,
pero sigues deseando más,
aunque te consuma la boca,
aunque el corazón se te hinche de tanto tragar lo que duele
y lo que se anhela.
Es un amor que sabe a tamarindo,
dulce y amargo,
como la vida misma.
dulce y agrio,
pegajoso en los dedos,
enredado en la lengua,
y una vez que lo pruebas,
no puedes dejar de saborearlo.
Es como morder esa pulpa oscura,
que te quema un poco al principio,
te arranca un suspiro,
y luego, de pronto,
te llena la boca de azúcar.
Pero el azúcar dura poco,
y lo agrio te invade,
como si de repente te faltara el aire
y no supieras si reír o llorar.
Así es el amor,
un fruto que carga nostalgia en su piel,
que duele en el paladar y acaricia al mismo tiempo.
Es la risa que brota en medio del caos,
la caricia que te salva
y te destruye en la misma medida.
A veces lo escupes,
cansado de su sabor agridulce,
pero siempre vuelves,
porque hay algo en ese torbellino de emociones
que te recuerda que estás vivo,
que sientes,
que ardes.
El amor es tamarindo,
se retuerce en tus entrañas,
te deja un regusto extraño,
pero sigues deseando más,
aunque te consuma la boca,
aunque el corazón se te hinche de tanto tragar lo que duele
y lo que se anhela.
Es un amor que sabe a tamarindo,
dulce y amargo,
como la vida misma.