cesarfco.cd
Poeta que no puede vivir sin el portal
Queda la bondad de la sal vertida desde tus entrañas hasta los algodones de telas encarnadas que cobijaron y fueron cómplices de tu desnudez.
La misma bondad que permite el ingreso de ese intruso que en su devaneo visita tu vientre de noche en noche, de fuego en fuego.
¡Tanta música se crea en los albores del silencio!
Así como el fuego nacido del encuentro, así las oleadas de gotas vertidas... derramadas por la incansable entrega de dos amantes que no se sujetan a relojes ni encomiendas.
Cargaremos con nuestro pecado por disfrutar nuestra benevolencia ante las suplicas del cuerpo que se hicieron más intensas desde que te conocí...
esta primavera.
La misma bondad que permite el ingreso de ese intruso que en su devaneo visita tu vientre de noche en noche, de fuego en fuego.
¡Tanta música se crea en los albores del silencio!
Así como el fuego nacido del encuentro, así las oleadas de gotas vertidas... derramadas por la incansable entrega de dos amantes que no se sujetan a relojes ni encomiendas.
Cargaremos con nuestro pecado por disfrutar nuestra benevolencia ante las suplicas del cuerpo que se hicieron más intensas desde que te conocí...
esta primavera.