ARIEL TORRE Y MOLINO
Poeta que no puede vivir sin el portal
Como no adivinar mi futuro; como no hacerme a la idea de lo que sería; como no tener esta personalidad; como es que la vida se predestina así de fácil; como no ser este ser que identifico como “yo mismo”.
“Basta con decir que mi madre es una drogadicta, mi padre un demente artista sin trabajo, mi hermano menor un gay transformista, mi hermana menor una puta lanzada a la vida y mi hermana mayor ciega, muda y sorda de nacimiento.
Yo soy el mayor de mis herman@s. A veces padre y madre. Muchas veces amigo de mis propios padres. A veces hijo.”
Si tuviera que hacer un intro para presentar mi vida hasta ahora, diría exactamente todo lo anterior. Es ahí donde nací y donde aprendí a ser como debería ser.
En ellos estoy y ellos están en mí.
Pero,y yo, ¿Quién soy dentro de esta familia?.Yo soy la voz baja. Lo que no dicen en la mesa cuando cenamos. Lo escondido. Los secretos. Yo soy en lo que me convirtieron. Yo soy a veces una parte de mí mismo y una parte de ellos. También soy la fuerza, el ánimo, la solución, la ayuda.
Soy el cuerdo. El cable a tierra. La voz que aconseja. El oído que escucha.
La voz baja. Soy la voz baja. Soy la voz baja!...soy la voz baja!!!.
Pero hay tan pocos oídos y tantos ojos. Y eso oídos solo entienden gritos.
Entonces como no ser esto que soy. Muchas veces dije algo y el doble de veces nadie escucho.
Algunas veces me parecía que mi hermana (la mayor) sentía que yo entre mi cabeza gacha y mi voz afónica trataba de arreglar las cosas. Solo ella me oía, ella la sorda. Solo ella me hablaba con sus manos, ella la muda. Solo ella lograba verme, ella la ciega. Nunca lo supe, ni me interesa saberlo de esa forma, la intelectual, me basta el recuerdo de su presencia a mi lado, sentados frente a la T.V. Ella fue la única que extraño el vacio que deje en la mesa.
Pensé muchos años como decir adiós. Lo planeaba como una especie de guion dramático. Tenía ya decenas de hojas en mi mente, todas escenas donde me tocaría interpretarme como un tipo que se iba y dejaba todo atrás. Debía irme. Tenía que decir adiós. Cualquier día seria el “día”, debía irme, decir adiós.
Lo hice. Después de tres años de intensa meditación, o algo por el estilo. No Salí de mi casa en todo ese tiempo. Creo que todos pensaban que tenía alguna enfermedad mental. Que me había convertido en un loco más de esta familia disfuncional, mejor dicho, de esta familia a-funcional. Ni un metro de la puerta de salida vi durante esos años. Tenía miedo de salir y no volver nunca más. Me volví un hikikomori de un barrio de este chile medio angosto, medio largo. No hable con nadie. Encerrado sin ver. Enclaustrado sin oír. Dentro de esta casa sin hablar. Solo tenía estas palabras como pregunta omnipresente : ¿me voy?.
Durante ese tiempo, de meditación, de preguntas, de terremotos emocionales y estructurales, me di cuenta de algo, observe mi vida en capítulos para ver de reversa y lentamente. Vi como de apoco esta familia me convertiría en uno más de ellos. Desaparecería en alguna personalidad preestablecida. Seria hasta el día de mi muerte la voz baja y el pilar de esta casa en tinieblas incomprensibles. Todos pedazos de lo que quedo de un desastre emocional. Me di cuenta que solo fui un pilar medio firme, medio capaz de sujetar sus llantos, donde ellos durante todo este tiempo colgaban su ropa húmeda y sucia. Pero tenía fuerza, era valiente y lo soy aun. De eso me di cuenta también. Durante tres años entre con una escoba y una pala a hacerme aseo dentro de mis oxidadas y recaídas habitaciones interiores. Yo debía irme, decir adiós.
Mire la puerta ese “día”, y supe que debía salir. Decir el adiós que no se interroga así mismo.
Mi hermana estaba ahí sentada como mirándome, en ese instante cuando metí la llave en la chapa de la puerta de salida. Intento ayudarme pero al contrario yo la ayude a ella por última vez. Salimos juntos, la encamine a su banquita de madera afuera en el ante jardín de la casa.
La senté allí diciéndole con todo mi corazón cuanto lamentaba dejarla aquí. Ella se sentó como de costumbre con esa expresión invisible, con sus pies moviéndose en semi círculos en la tierra del jardín. Ahí pasaba la tarde completa siendo ignorada y ella ignorando el mundo. Ella se quedo ahí sentada y yo dije adiós. Me fui.
¿Dónde?
Como saberlo. Como preverlo. La calle es lo primero que se ve, solo eso pude entender. Lo segundo que llego a mí como una nota en la pata de una paloma fue: un(a) amig@.
Deje mi familia y esta casa, ahora estoy dando pasos en una calle tan extraña como la mesa donde siempre fui la voz baja. Ahora, un(a) amig@, eso es lo segundo que vi al salir, después de decir adiós……
CONTINUARA...
CAPITULO Nº2
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-generales/345738-salir-cap-n-2-a.html?highlight=
“Basta con decir que mi madre es una drogadicta, mi padre un demente artista sin trabajo, mi hermano menor un gay transformista, mi hermana menor una puta lanzada a la vida y mi hermana mayor ciega, muda y sorda de nacimiento.
Yo soy el mayor de mis herman@s. A veces padre y madre. Muchas veces amigo de mis propios padres. A veces hijo.”
Si tuviera que hacer un intro para presentar mi vida hasta ahora, diría exactamente todo lo anterior. Es ahí donde nací y donde aprendí a ser como debería ser.
En ellos estoy y ellos están en mí.
Pero,y yo, ¿Quién soy dentro de esta familia?.Yo soy la voz baja. Lo que no dicen en la mesa cuando cenamos. Lo escondido. Los secretos. Yo soy en lo que me convirtieron. Yo soy a veces una parte de mí mismo y una parte de ellos. También soy la fuerza, el ánimo, la solución, la ayuda.
Soy el cuerdo. El cable a tierra. La voz que aconseja. El oído que escucha.
La voz baja. Soy la voz baja. Soy la voz baja!...soy la voz baja!!!.
Pero hay tan pocos oídos y tantos ojos. Y eso oídos solo entienden gritos.
Entonces como no ser esto que soy. Muchas veces dije algo y el doble de veces nadie escucho.
Algunas veces me parecía que mi hermana (la mayor) sentía que yo entre mi cabeza gacha y mi voz afónica trataba de arreglar las cosas. Solo ella me oía, ella la sorda. Solo ella me hablaba con sus manos, ella la muda. Solo ella lograba verme, ella la ciega. Nunca lo supe, ni me interesa saberlo de esa forma, la intelectual, me basta el recuerdo de su presencia a mi lado, sentados frente a la T.V. Ella fue la única que extraño el vacio que deje en la mesa.
Pensé muchos años como decir adiós. Lo planeaba como una especie de guion dramático. Tenía ya decenas de hojas en mi mente, todas escenas donde me tocaría interpretarme como un tipo que se iba y dejaba todo atrás. Debía irme. Tenía que decir adiós. Cualquier día seria el “día”, debía irme, decir adiós.
Lo hice. Después de tres años de intensa meditación, o algo por el estilo. No Salí de mi casa en todo ese tiempo. Creo que todos pensaban que tenía alguna enfermedad mental. Que me había convertido en un loco más de esta familia disfuncional, mejor dicho, de esta familia a-funcional. Ni un metro de la puerta de salida vi durante esos años. Tenía miedo de salir y no volver nunca más. Me volví un hikikomori de un barrio de este chile medio angosto, medio largo. No hable con nadie. Encerrado sin ver. Enclaustrado sin oír. Dentro de esta casa sin hablar. Solo tenía estas palabras como pregunta omnipresente : ¿me voy?.
Durante ese tiempo, de meditación, de preguntas, de terremotos emocionales y estructurales, me di cuenta de algo, observe mi vida en capítulos para ver de reversa y lentamente. Vi como de apoco esta familia me convertiría en uno más de ellos. Desaparecería en alguna personalidad preestablecida. Seria hasta el día de mi muerte la voz baja y el pilar de esta casa en tinieblas incomprensibles. Todos pedazos de lo que quedo de un desastre emocional. Me di cuenta que solo fui un pilar medio firme, medio capaz de sujetar sus llantos, donde ellos durante todo este tiempo colgaban su ropa húmeda y sucia. Pero tenía fuerza, era valiente y lo soy aun. De eso me di cuenta también. Durante tres años entre con una escoba y una pala a hacerme aseo dentro de mis oxidadas y recaídas habitaciones interiores. Yo debía irme, decir adiós.
Mire la puerta ese “día”, y supe que debía salir. Decir el adiós que no se interroga así mismo.
Mi hermana estaba ahí sentada como mirándome, en ese instante cuando metí la llave en la chapa de la puerta de salida. Intento ayudarme pero al contrario yo la ayude a ella por última vez. Salimos juntos, la encamine a su banquita de madera afuera en el ante jardín de la casa.
La senté allí diciéndole con todo mi corazón cuanto lamentaba dejarla aquí. Ella se sentó como de costumbre con esa expresión invisible, con sus pies moviéndose en semi círculos en la tierra del jardín. Ahí pasaba la tarde completa siendo ignorada y ella ignorando el mundo. Ella se quedo ahí sentada y yo dije adiós. Me fui.
¿Dónde?
Como saberlo. Como preverlo. La calle es lo primero que se ve, solo eso pude entender. Lo segundo que llego a mí como una nota en la pata de una paloma fue: un(a) amig@.
Deje mi familia y esta casa, ahora estoy dando pasos en una calle tan extraña como la mesa donde siempre fui la voz baja. Ahora, un(a) amig@, eso es lo segundo que vi al salir, después de decir adiós……
CONTINUARA...
CAPITULO Nº2
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