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Salvajes por sorteo

El hombre del porsaco

Poeta recién llegado
Me tocó en unas galletas:
"Bonito fin de semana",
fué llegar al campamento
y quitárseme las ganas.

La mugre en los barracones
estaba fosilizada,
el conserje daba yuyu
y las chinches devoraban.

En el pozo aún queda agua
pero siempre está la vieja,
nos advirtió que echa al pozo
a todo aquel que se queja.

Por eso el agua es tan mala,
nos consume la diarrea
pero al ser ésto de balde
a reclamar a Corea.

Aquí hay juegos muy extraños
como el árbol y el ahorcado
o el lanzamiento de hacha
que algún disgusto ya ha dado.

Sólo han pasado tres días
pero kilos perdí seis;
la comida estaba clara:
"comeréis lo que cacéis".

Era nuestra última noche
cuando comenzó a nevar
dejándonos aquí aislados;
¡qué panzada de llorar!.

La nieve siguió cayendo
y transcurrieron semanas
y el tiempo fué diluyendo
nuestra condición humana.

Nos convertimos en yetis,
instinto y brutalidad,
ya no jugamos, cazamos,
y cazamos de verdad.

El conserje enciende el fuego
y nos cocina la vieja,
cualquier cosa que le damos
con gusto la despelleja.

La carretera está abierta,
ya hace tiempo que lo está
pero ninguno ha querido
volver a su realidad.

Al final nos gusta ésto,
regresar ya no es factible,
no podrían aceptar
nuestras almas de hombres libres.
 
Me tocó en unas galletas:
"Bonito fin de semana",
fué llegar al campamento
y quitárseme las ganas.

La mugre en los barracones
estaba fosilizada,
el conserje daba yuyu
y las chinches devoraban.

En el pozo aún queda agua
pero siempre está la vieja,
nos advirtió que echa al pozo
a todo aquel que se queja.

Por eso el agua es tan mala,
nos consume la diarrea
pero al ser ésto de balde
a reclamar a Corea.

Aquí hay juegos muy extraños
como el árbol y el ahorcado
o el lanzamiento de hacha
que algún disgusto ya ha dado.

Sólo han pasado tres días
pero kilos perdí seis;
la comida estaba clara:
"comeréis lo que cacéis".

Era nuestra última noche
cuando comenzó a nevar
dejándonos aquí aislados;
¡qué panzada de llorar!.

La nieve siguió cayendo
y transcurrieron semanas
y el tiempo fué diluyendo
nuestra condición humana.

Nos convertimos en yetis,
instinto y brutalidad,
ya no jugamos, cazamos,
y cazamos de verdad.

El conserje enciende el fuego
y nos cocina la vieja,
cualquier cosa que le damos
con gusto la despelleja.

La carretera está abierta,
ya hace tiempo que lo está
pero ninguno ha querido
volver a su realidad.

Al final nos gusta ésto,
regresar ya no es factible,
no podrían aceptar
nuestras almas de hombres libres.
Nos hacemos fuertes,y a cada adversidad más.
Volver a la realidad,y vivir de nuevo las hipocresías que nos entornan,no deberíamos hacerlo factible.Pero claro,si eres demasiado libre y no te ajustas al sistema,por supuesto que no te aceptaran.

Siempre me agradan tus escritos,Mallorquina.
Saludos y abrazos grandísimos.
 

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