claudiorbatisti
claudiorbatisti
Se pasea la tarde costanera
empapada de arena mar y sol
barcas secas, varadas en formol
la marea no vuelve a la ribera.
Un tugurio cercano ya lo espera,
con olor que desmaya a alcohol,
una moza vulgar bajo un farol
avistando un cadete desespera.
Las mujeres se gastan las pupilas
oteando en puntillas la neblina
al final de la barra despoblada.
Por cincuenta dólares te la alquilas
como fiera que llega sibilina...
el puerto duerme, llega la alborada.
Claudio Batisti