VICTOR SANTA ROSA
Poeta fiel al portal
SEDA Y HARAPOS.
Ella era muy bella de dilecta alcurnia,
ojos de mar, mirada serena,
él era su amante de humilde cuna,
y la idolatraba con pasión extrema.
Ese amor que el corazón tocaba,
unía sus vidas con nobleza pura,
no valía la seda ni el harapo importaba,
construyendo su lecho de inocente ternura.
En los sublimes momentos del ansiado encuentro,
opácanse joyas, metales preciosos,
caen prejuicios, detenido es el tiempo,
juntos los labios en febril embeleso.
Cimbran los cuerpos en exquisito contacto,
seda y harapo tiernamente mezclados,
dos almas desnudas amandose tanto,
a sublime paraíso por el amor transportados.
No hay estratos ni clases sociales,
que se opongan al amor sincero,
quedan al márgen bienes materiales,
por la tierna palabra "Te Quiero."
Ella era muy bella de dilecta alcurnia,
ojos de mar, mirada serena,
él era su amante de humilde cuna,
y la idolatraba con pasión extrema.
Ese amor que el corazón tocaba,
unía sus vidas con nobleza pura,
no valía la seda ni el harapo importaba,
construyendo su lecho de inocente ternura.
En los sublimes momentos del ansiado encuentro,
opácanse joyas, metales preciosos,
caen prejuicios, detenido es el tiempo,
juntos los labios en febril embeleso.
Cimbran los cuerpos en exquisito contacto,
seda y harapo tiernamente mezclados,
dos almas desnudas amandose tanto,
a sublime paraíso por el amor transportados.
No hay estratos ni clases sociales,
que se opongan al amor sincero,
quedan al márgen bienes materiales,
por la tierna palabra "Te Quiero."