curriamoroso
Poeta fiel al portal
Como parte de la seducción, leímos eternos poemas en un éxtasis sólo conocido por el Kama Sutra; en posiciones de irremediables gritos, para que las imágenes que nos observaban, desde las paredes, no se cubrieran por pudor. Hacíamos imperecederos esos instantes con miedo a lo indescriptible; sobresalían las figuras o tonalidades en cada encuentro, como si fuese la búsqueda implacable de riegos en el tacto y el placer