wilson yupanqui
Poeta asiduo al portal
Semblanza.
Esos tus labios de grana
Y tus ojitos de miel,
espejo de mis anhelos
refugio de mi querer.
Esas tus manos tan blancas
que acariciaba mi piel,
entre suspiros y en calma
viendo la lluvia caer.
Esas palabras divinas
llenas de amor y de fé
y aquella luna amarilla
que dormitaba a tus piés.
Hoy como extraño esas cosas
que anhelábamos tanto tener,
aquel pedacito de cielo
o nuestro jardín del Edén.
Hicimos de aquellos días
la más bella historia de amor,
yo la conservo aún con vida
en el altar de mi corazón.
A veces cuando despierto
lleno de angustia y de ayer,
para alegrarme la vida
evoco nuestro querer.
Porque a pesar de los años
no olvido Amelia que fué,
en una lejanas tarde
nuestra primera vez.
Y aquella tarde de junio
siempre lo recordaré,
son testigos los días húmedo
de un otoño que se fué.
Esos tus labios de grana
Y tus ojitos de miel,
espejo de mis anhelos
refugio de mi querer.
Esas tus manos tan blancas
que acariciaba mi piel,
entre suspiros y en calma
viendo la lluvia caer.
Esas palabras divinas
llenas de amor y de fé
y aquella luna amarilla
que dormitaba a tus piés.
Hoy como extraño esas cosas
que anhelábamos tanto tener,
aquel pedacito de cielo
o nuestro jardín del Edén.
Hicimos de aquellos días
la más bella historia de amor,
yo la conservo aún con vida
en el altar de mi corazón.
A veces cuando despierto
lleno de angustia y de ayer,
para alegrarme la vida
evoco nuestro querer.
Porque a pesar de los años
no olvido Amelia que fué,
en una lejanas tarde
nuestra primera vez.
Y aquella tarde de junio
siempre lo recordaré,
son testigos los días húmedo
de un otoño que se fué.
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